Las dos orillas

José Joaquín León

Vacaciones con vergüenza

UNO de los problemas de los políticos es que los miran con lupa. Ningún detalle pasa desapercibido. Un ejemplo: el cinturón de seguridad que no se puso Rajoy se convirtió en un problema de Estado, pero si se lo hubiera puesto también lo hubieran criticado. Dirían que se le veía forzado, aprisionado, con un aire sadomaso. O dirían que el cinturón de Rajoy se parecía a los tirantes de Fraga. Luego el problema no era ponerse el cinturón, sino hacerse esa foto por gusto.

En estas vacaciones de la crisis parece que a los políticos les da vergüenza estar de vacaciones. Están como si no estuvieran. Muchos ciudadanos y ciudadanas no han podido veranear, así que el político huye de la ostentación, en evitación de mosqueos. Lo mejor es currar, como Tomás Gómez, el aspirante primario a la Comunidad de Madrid, que el lunes 9 de agosto acudió en Metro a una reunión en la sede de su partido, y además vestido con traje y corbata, a pesar del calor de Madrid. Y se hizo la foto, claro. La otra aspirante primaria, Trini Jiménez, también acudió ese día a la sede, pero en coche oficial, no en Metro; todavía es ministra y hay diferencias.

Hay que cuidar la foto. O la interpretación de la foto, como en el caso del cinturón. No hay que dar argumentos a los enemigos. Ya lo tiene en cuenta hasta la Familia Real, después de que los republicanos de IU dijeran que se pasan los veranos a lo grande en Mallorca, yendo de Marivent al Club Náutico y del Club Náutico a Marivent, venga a navegar y a ganar siempre, como en los tiempos del Bribón. Pero este año, como don Juan Carlos está convaleciente, ha reducido su veraneo y apenas apareció por la Copa del Rey para entregar los premios. Se dedica a recuperarse y a despedir a Michelle Obama, a recibir a Zapatero y a telefonear al amigo Mohamed VI. Son unas vacaciones intachables.

Pues sí, se lleva pasar las vacaciones con modestia, en familia si es posible. Ahí tenemos el gran ejemplo del viceprimer ministro británico, Nick Clegg, que tras unas duras elecciones, ha vuelto este mes de agosto a Olmedo (Valladolid), el pueblo de su esposa, Miriam González. Y no se aloja en un hotel de lujo, sino en la casa de su señora suegra, que le prepara unas empanadillas estupendas. También Rajoy, después de la foto del cinturón, se ha dejado ver por Pontevedra y Zapatero por León, aunque no vaya a Rodiezmo. Todos intentan cuidar el paisanaje y la austeridad.

Así avanza este verano de las vacaciones vergonzantes. Parece que da vergüenza viajar, a pesar de que el turismo es una de las claves para el empleo y el crecimiento de nuestro PIB. Sólo Michelle Obama, con sus vacaciones a todo trapo, le dio alegría a su cuerpo moreno. Ella se comportó sin vergüenza, como si no hubiera crisis.

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