Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Valencia, otra víctima del 92

Rodando por la ladera de la Primera División, el club levantino es otro ejemplo de una gestión sin sentido

POSIBLEMENTE estemos ante un caso insólito sobre la perniciosa actuación de un entrenador de fútbol. Con el prestigio que tuvo como futbolista de elite, lo cierto es que su papel como entrenador del Valencia lo ha dejado con el mismo cartel que dejó Cagancho en Almagro. Futbolista extraordinario, faro y guía del mejor dream team conocido, postulado desde su retirada como futuro entrenador del Barcelona, Ronald Koeman se fue del fútbol español con la vitola de grande, reapareció como entrenador y ahora se vuelve a Holanda con un billete sin posibilidad alguna de que tenga también trayecto de vuelta.

No recuerdo un papelón como el que ha recitado Koeman en el Valencia y ahora, cuando el moro está muerto y las lanzadas se dan sin riesgo alguno, salen voces del vestuario que dejan al tulipán con el prestigio profesional por los suelos. Lo califican de prepotente, soberbio, inaccesible y de piñón fijo, de tomar decisiones sin posible vuelta atrás por mucho que el equipo fuese despeñándose en una caída libre. Y ahí el Valencia, un equipo conformado para luchar por el título, por todos los títulos habidos y por haber, librando una batalla dramática, inesperada, por salvar la categoría, algo muy complicado cuando no se está acostumbrado a un trance así.

Seguro que no toda la culpa de la situación es de Ronald Koeman y que la errática gestión de un auténtico inútil en cuestiones futbolísticas tiene mucho que ver con ella. Seguro estoy de que el Valencia de Juan Soler es un descabellado proyecto que está a punto de rodar ladera abajo de la Primera División. El ejemplo del Valencia es uno más de los muchos habidos en nuestro fútbol desde el maldito 92. Ahí, en ese tiempo, irrumpieron en él sujetos de toda laya para convertir los sentimientos en mercadeo y para ir matando la ilusión de una gente que era capaz de anteponer a sus intereses el presente y el futuro de sus queridos colores. Jó con el 92...

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