La ciudad y los días

carlos / colón

Valores y trabajadores

EL lunes nos desayunamos con que CCOO de la banca se pulió, según desveló El País, 14,06 millones de euros en viajes y comilonas entre 2008 y 2012, además de regalarse sobresueldos por valor de 3,7 millones de euros, mientras la crisis azotaba más duramente a todos y con mayor dureza a los trabajadores en situaciones vulnerables; y el martes, con las imputaciones de Chaves, Griñán, Zarrías, Moreno y Viera. A lo largo de la semana hemos ido sabiendo que nadie admite responsabilidades. Se limitan a lanzar pelotas -de pelotazo- fuera para alargar el partido sin que el marcador se les ponga aún más en contra. Lo que tampoco deja en muy buen lugar a Martínez, Sánchez y Díaz.

No sólo los de cuello blanco meten la mano. No sólo la derechona de abrigo Chesterfield gusta de lujos que pagamos todos. Y esto no es una buena noticia ("¿Lo ves? Todos roban") que, al generalizar la corrupción, convierta el barceneo en práctica interclasista o gürtelandia en patria de todas las ideologías. Al contrario: ahonda aún más el cinismo, el escepticismo y hasta el nihilismo político; porque estos casos afectan a quienes por coherencia ideológica con sus principios deberían tener una más rigurosa ética de la sobriedad y la solidaridad. La honradez no es patrimonio de la izquierda, pero sí una de sus banderas ("Cien años de honradez" fue el lema del PSOE en su centenario). Pero la danza de la corrupción, como la de la muerte, iguala a empresarios y sindicalistas, derechas e izquierdas, quienes gobiernan, han gobernado o, sin haberlo hecho aún, se presentan como el azote de los corruptos. Homo sum, humani nihil a me alienum puto, decían los clásicos, esos señores que han sido expulsados de los planes de estudio: hombre soy, nada humano me es ajeno.

Reconocer que la debilidad humana nos afecta a todos es el primer paso para, acabar con estereotipos y extremar los mecanismos de seguridad. La coherencia entre principios y actitudes es más exigible cuanto mayores sean las responsabilidades, más altas las ideas proclamadas y más tronantes las denuncias de las corrupciones ajenas. Laboriosidad, sobriedad y honradez eran principios compartidos por burgueses y trabajadores. Recupérenlos los partidos y organizaciones que dicen representarlos o llegarán desde la extrema derecha y la extrema izquierda esos enemigos de las libertades que llaman partitocracia a la democracia.

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