de todo un poco

enrique / garcía-máiquez

Vayamos por partes

EN estas europeas se multiplica la oferta conservadora. Además del PP, que ya no puede descuidar ese flanco, y de los partidos que no son de derechas pero son antinacionalistas, además, digo, hay dos partidos, Impulso Social y Vox, que se declaran de derechas sin complejos.

No obstante, por más vueltas que uno da a esos programas, no termina de estar absolutamente de acuerdo con ninguno. A Arias Cañete es facilísimo votarlo grosso modo, obviamente; pero a medida que te alejas del vasto voto útil, más testimonial se vuelve tu gesto y, por tanto, más ponderas los detalles.

Se trata de un problema inherente a los programas, que a la fuerza tienen que buscar mínimos denominadores comunes y, en consecuencia, acaban abocados a no contentar del todo a nadie. Encima, el gran Saavedra Fajardo, ya en el siglo XVII, avisaba del interés prioritario del pueblo: "Ninguna cosa le tiene más obediente que la abundancia, en quien solamente pone su cuidado". El discurso económico siempre aglutinará más voluntades que otros temas específicos de mayor calado moral o político.

Así, por ejemplo, aunque España es uno de los países del mundo más laxos, un importante 26 % de la población considera inmoral el aborto, pero a la representación política no se traslada esa proporción, ni mucho menos. Es un asunto ahogado por "la abundancia", que dice Saavedra o por "la crisis", que decimos nosotros. La editorial Stella Maris ha publicado Aborto cero, un poderoso volumen en el que se dan cita las grandes firmas del movimiento provida con un sin fin de argumentos científicos, morales, sociológicos y legales. Si existiese un debate público auténtico y concentrado, seguro que esas razones irían calando más y más. Pero el foro está copado por la política; y ésta, expropiada por la economía. Y sin duda que en estos aspectos el 26 % de firmes antiabortistas tiene ideas muy diversas, que dispersan su voto.

A ningún demócrata de verdad le puede gustar tanta reducción del espacio público, que irá a más si la gran coalición PP-PSOE, que ya asoma por el horizonte, se hace realidad. La solución pasa por convocar referéndums sobre temas concretos, como se hace en Suiza y en USA. Ahí podríamos, por fin, debatir en serio y votar de acuerdo con nuestro criterio en cada caso, sin las reparticiones y compartimentos estancos del partidismo y sin empeñar nuestro voto de una vez para siempre a fondo perdido.

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