Con acento propio

Carmen Ferreras

Las Vegas bis

EN menos que canta un gallo, el desierto español por antonomasia, Los Monegros, se convertirá en una ciudad para el juego y la diversión, se convertirá en la versión española de Las Vegas. El Estado de Aragón competirá con el de Nevada para llevarse el gato del turismo internacional al agua de sus casinos y otros centros de esparcimiento. Qué gozada. Aunque algunos malpensados hablan de Las Vegas patrias como de un lugar de perdición, en el más amplio sentido de la palabra, allí lo único que podrá perderse, digo yo, será el dinero de los jugadores.

Ya podemos estar contentos todos porque, vista la maqueta de lo que los artífices de esa ciudad levantada sobre la nada nos han mostrado, habrá trabajo para todos. Y se supone que tendremos preferencia los hijos de la patria, porque a la patria le van a crecer los parados en próximos meses. A poco que se especialicen, fundamentalmente en todo lo relacionado con el hagan juego señores, tendrán trabajo a la vista. Sólo que habrá que esperar unos meses.

Puede que este proyecto, sin duda faraónico, y no lo digo por las esfinges que aparecen en la maqueta en cuestión, dé al traste con lo que se dice, rumorea y comenta que pasará con la construcción de aquí a muy poco. A lo mejor, quién sabe, los desempleados de los pisitos que dejarán de construirse podrán emplearse en la construcción de esos magníficos hoteles, casinos y demás establecimientos. Se trata de levantar toda una ciudad y eso requiere mucha, muchísima mano de obra. Mire por donde, no hay mal que por bien no venga.

A mí me ha encantado el proyecto, siempre que se lleve a cabo, no vaya a ser que sea algo así como el cuento de la lechera y antes de empezar se rompan las ilusiones de los que esperan, sin fatiga en la espera, la suerte de trabajar o de ganar un dinero extra a través del juego, en los casinos de esta versión española de Las Vegas. Animo a los inversores a que hagan lo propio en Almería, en esas sus zonas áridas y desérticas que prestaron su paisaje al cine para rodar tantas y tantas películas del Oeste, con música de Ennio Morricone y con un Clint Eastwood inconmensurable en los mejores papeles de su vida anteriores a aquel policía llamado Harry y sus correspondientes secuelas cinematográficas. Aquel Eastwood las mataba bien muertas. Quién sabe si, a lo mejor, Hollywood lanza un Clooney nacido al amor de Los Monegros.

Que sigan llegando inversores, que transformen España, más allá de la visión política, y que, de aquí a diez años, de verdad no la conozca ni la madre que la parió, pero por razones muy distintas a esas otras tan partidistas e interesadas de los ejercientes de la política. Las Vegas bis puede ser un magnífico botón de muestra.

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