Las dos orillas

josé Joaquín / león /

La Velá y su paseo marítimo

PASEANDO por la calle Betis, en estas noches de Velá de Santa Ana, se entiende mejor que ahí está el Paseo Marítimo de Triana. Y que enfrente, en la otra orilla de la Torre del Oro, está el de Sevilla. Esto no es ningún descubrimiento como el de América, que tantos días de gloria dio a ese río y sus barrios de influencia, sino la obviedad de que ahí tiene la ciudad dos paseos marítimos como los de cualquier ciudad costera; o uno dividido por la mitad, según se mire. Dos paseos marítimos para aprovecharlos como grandes zonas de ocio. Y no sólo en los días de la Velá.

Sevilla tiene una nostalgia marinera no resuelta del todo. Zoido, ahora en la oposición, insiste en lo mismo de antes. Quiere crear una mesa para defender el dragado del río, en plan quijotesco frente a los molinos de viento de la Unesco. El objetivo último ya se sabe que es introducir cruceros de los grandes por donde no caben.

Por otra parte, el alcalde Espadas le ha dado una vuelta de tuerca a los terrenos de Altadis para acoger a la Singularity University del Silicon Valley sevillano, justamente a la vera de la capilla de las Cigarreras. Los terrenos de la desaparecida tabacalera están en un emplazamiento envidiable, en lo que podría ser la prolongación de una gran zona de ocio y turismo, en dirección al cada vez más decaído barrio de Los Remedios. Proyectos como ese, o el que finalmente se acometa en los terrenos de Altadis, merecerían el consenso y el apoyo de todos. Son proyectos de ciudad, que no merecen derivar en episodios de batallitas hasta quedar en nada. Con el esperpento de Tablada ya fue suficiente.

Los proyectos de ciudad están casi siempre en la cucaña. Así les va. Son sueños de noches de verano, en las que se duerme poco y se alucina demasiado. En esa calle Betis que siempre se ha querido aprovechar (consiguiéndolo a medias), incluso en el cercano Mercado de Triana, como en el mercado gourmet de la Lonja del Barranco, se aprecian los esbozos de lo que podría ser el Paseo Marítimo de Sevilla y el de Triana. Un espacio de privilegio, no sólo para una semana, sino para todo el verano y gran parte del año.

Puede ser que cada partido tenga su proyecto de ciudad. Y de tantas Sevillas como se les ocurren ninguna es posible, entre globos sondas y proyectos fallidos. Mientras la Sevilla más evidente sobrevive como puede, o se dilapida entre la tradición, la rutina y la indiferencia.

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