La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Veladores y caprichos municipales

Singular criterio: quitan los veladores de la confitería La Campana y dejan los que saturan Mateos Gago

Usted no puede abrir un bar sin las oportunas licencias. Usted no puede poner veladores en la calle sin las oportunas licencias. Ambas las otorga el Ayuntamiento de acuerdo con las normativas municipales. Una de ellas contempla no permitir la apertura de nuevos locales en zonas consideradas saturadas de ruidos. Pero se hace la excepción de los restaurantes por considerar que, a diferencia de los bares, no ocasionan molestias a los vecinos. Lo que sirve para que ciertas calles se llenen de restaurantes que también son bares, incumpliendo en muchos casos la normativa. En cuanto a otra saturación, la de las aceras ocupadas por veladores, el Ayuntamiento la afronta con criterios singulares: quita las de una confitería de enorme valor histórico y estético en la ancha acera de la Campana y deja los que recorren de una punta a otra las estrechas aceras de Mateos Gago. En esta desdichada calle se ha pasado por alto lo de la saturación y se ha mirado para otro lado -o para ninguno, poniendo los ojos en blanco- mientras restaurantes/bares o bares/restaurantes se multiplicaban como metrosolesparasoles; es decir, como setas.

El compañero Diego J. Geniz escribía ayer que en la reordenación de Mateos Gago el Ayuntamiento elude la cuestión de la ocupación de las aceras por veladores. La información facilitada el martes por los munícipes evita mencionarlos, pese a que este sea el mayor y más engorroso problema de Mateos Gago. Lo curioso del caso es que lo ha generado el propio Ayuntamiento dando licencias a locales y veladores (lo que además, lógicamente, ha conllevado la multiplicación de cargas y descargas para abastecerlos) y lo pretende solucionar el mismo Ayuntamiento destrozando la fisonomía de la calle, conservada intacta desde su apertura hace casi un siglo, y restringiendo el tráfico para asfixiar aún más a los sitiados vecinos que resisten numantinamente sin largarse de un barrio en el que la vida cotidiana cada día es más difícil, ingrata, ruidosa y apestosa a fritanga.

No, almas mías, no. La solución es mucho más fácil. Quiten la mayoría de los veladores de las aceras, restrinjan los aparcamientos, ordenen la carga y descarga, vigilen que los restaurantes sean tales y no den una puñetera licencia de apertura más. Así podrán dejar en paz las aceras y los adoquines que conforman la fisonomía de la calle y no cortarán el acceso y los servicios a los vecinos. No hace falta más.

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