las dos orillas

José Joaquín León

Veladores y voladores

SEVILLA protesta contra los veladores. Siempre se protesta contra algo. Durante años, se protestaba contra la botellona, contra los ruidos, contra la imposibilidad de que el pobre vecino entrara tranquilo en su casa y pudiera conciliar el sueño. Ahora se protesta contra lo mismo, de otro modo. El velador es como la botellona del siglo XXI, pero sentados y atendidos por un camarero. Sevilla se hace velador, y el paseante por el casco antiguo se siente más antiguo que Viriato. O se sienta o vuela, no le queda otra para desatascarse. La culpa es de Zapatero, como todo, porque no vio a tiempo la crisis; y los ricos, en vez de invertir en industrias para exportar, pusieron un bar en el barrio de Santa Cruz.

Luego llegaron las consecuencias colaterales, que son los veladores. Puestos a poner, no le vamos a poner puertas al campo, así que empezaron en lo más alto de Mateos Gago y terminaron casi en la Puerta de los Palos. Los turistas pensarían que las sillas eran para la Semana Santa (como aquí hay procesiones todo el año, incluso vía crucis), y empezaron a sentarse. Como pasa siempre, cuando hay un fulano en una cola se pone un mengano detrás, y si uno se sienta el otro se pondrá en la mesa de al lado. Con la crisis, sólo funcionan los veladores, que dan de comer a muchas criaturitas, tanto clientes como camareros. Ésa es la excusa perfecta.

Ahora Zoido quiere arreglarlo con tachuelas, que es lo que otros desearían poner en los carriles bici. La zona autorizada estará delimitada con tachuelas oficiales (habrá que analizar la diferencia entre una tachuela oficial y una oficiosa), de modo que quien se pase de la raya lo lleva claro. La ordenanza establece hasta 120.000 euros de multa, con los que daría para pagar el paro de muchas criaturitas. Y los ciudadanos podrán chivarse por internet para denunciar a quien se pase de la tachuela.

El velador no tiene quien le escriba. Suena a García Márquez, pero es lo que hay. Nadie lo defiende. Es políticamente incorrecto defender al velador, que además será machista (por eso no se dice veladores y veladoras). Yo tampoco los defiendo, porque los voy esquivando, como a las bicis del carril. Así que confío en los resultados de las tachuelas oficiales, si acaso sea para eliminar algunas decenas de ellos en las zonas saturadas, que abarcan media Sevilla. Antes que a los veladores, hay que defender a los voladores, que no son los vencejos de los pregones ni las golondrinas de Bécquer, sino el sevillano y la sevillana de a pie, que desearían alas en determinados lugares, sobre todo a los pies de la Giralda.

Es cierto que en otras ciudades turísticas hay veladores, aunque se concentran sólo en algunas calles tipo Albareda. También se sabe que con los veladores no acabará Zoido, sino el invierno.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios