la ciudad y los días

Carlos Colón

'Veladorio' sevillano

MÁS franquicias. Más veladores. Más desaparición de negocios sevillanos útiles para la vida cotidiana de los nativos, sustituidos por adocenados servicios para los turistas. Más tematización de un centro histórico tan gravemente dañado en los años de gobierno socialista. Golpear sobre una herida es lo que esta haciendo el PP. Monteseirín lo dejó tó enlosetao de la Alameda a la Puerta de Jerez, pasando por la Avenida. ¿Le tocará ahora a Zoido llenarlo todo -¡aún más de lo que ya lo estaba!- de veladores? "La ciudad de los 10.000 veladores", llamaba hace unos días el compañero Carlos Navarro Antolín a Sevilla, como si nuestra ciudad fuera una versión hostelera y desquiciada de La tierra de las 1000 danzas de Wilson Picket, al informar que el Ayuntamiento había superado en cinco meses el total de licencias para mesas concedidas en 2011. Veladorio para un centro muerto.

A Sevilla le está pasando como a las playas destruidas por su explotación salvaje que, para atraer más turistas, arrasan todo lo que las hacía dignas de ser visitadas. Con lo que pierden su belleza y los turistas. Por lo menos a los que se dejan los duros, que son los que interesan.

A Sevilla le está pasando como al hostelero de la fábula de Kant, que Javier Gomá Lanzón -Todo a mil. 33 microensayos de filosofía mundana (Galaxia Gutenberg)- cita como ejemplo de la hiper explotación turística. Para atraer clientes el hostelero escondió en el bosque a un compadre que imitaba con una caña el canto del ruiseñor. Descubierto el engaño, los trinos que tanto hacían disfrutar a los clientes ahora les irritaban. ¿Acaso no se trataba del mismo canto? Sí, pero el huésped que creía ser "testigo privilegiado del júbilo de una naturaleza sorprendida en su felicidad mañanera" se siente estafado al comprobar que esa felicidad "es sólo un simulacro" que obedece a "un bien calculado interés".

Sevilla recibe turistas desde que nació el turismo en el siglo XIX y algunos de esos visitantes forjaron su leyenda moderna. Convirtió en los años regionalistas parte de su centro histórico en un decorado. Y recibe miles de turistas desde que nació el turismo de masas a mediados del siglo XX. Pero aquel decorado reinterpretó acertadamente la ciudad -piénsese en el éxito de la remodelación de Virgen de los Reyes y Mateos Gago- y hasta finales de siglo pasado la ciudad se expuso al turismo sin prostituirse. Ahora es un zorrón barato, hortera, vulgar, que justifica el desprecio de Gomá Lanzón hacia esos "lugares que fueron esplendorosos en el pasado y ahora pervierten su genuina belleza heredada haciendo del turismo su principal fuente de ingresos".

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