Visto y Oído

Antonio / Sempere

Ventero

HACÍA tiempo que no escuchaba una defensa tan apasionada y sincera de la radio y la televisión públicas como la pronunciada por Manuel Ventero en el Curso de Verano de la Complutense en San Lorenzo de El Escorial sobre 'La televisión de los nuevos tiempos'.

Correspondía a Ventero, en calidad de director de Comunicación de la Corporación, convencer al auditorio sobre las excelencias de la nueva televisión multimedia, aquella en la que a la manera de los magos basta con pulsar un botón rojo para que nuestra pantalla nos ponga un mundo a nuestros pies: 90.000 programas a la carta, la información en tiempo real, todas las fotos, todas las piezas, todos los canales.

Pero la diferencia entre Manuel Ventero y los conferenciantes al uso enseguida saltaron a la vista. Sucedió en cuanto se acabó el powerpoint preparado al efecto, y el directivo de la empresa dio paso al trabajador que, durante más de treinta años, ha desempeñado los más diversos roles. Acatando las órdenes de unos y las de otros, ejerciendo de directivo con los unos pero también con los otros. Desayunándose con un EGM que otorgaba un millón de oyentes a Radio 5 que se reducían a 300.000 en la siguiente oleada, justo cuando Ventero, qué casualidad, estaba al mando de la emisora.

Confieso que descubrí a Manuel Ventero un poco tarde. En ese programa modélico que fue Siluetas, santo y seña de la radio pública de la excelencia. Todavía, a fecha de hoy, sigo recuperando podcast de estas muestras de orfebrería. Esta semana, por fin, nos hemos conocido. Y me quedo con su bagaje, su cultura y su autoridad moral. Esa que sólo da el paso del tiempo.

La situación es muy complicada en RTVE, pero si hubiese muchos Venteros, la casa salía adelante con nota. Vaya si salía.

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