Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Veranito

SEÑORAS y señores, ante ustedes ¡el verano y sus vacaciones! No el de las canciones de Georgie Dann, tan entrañables y refinadas, ni de aquella otra legendaria de un tal Paco-Paco: "Pum catapún chimpún, cómo nos gusta el verano... pa levantarnos temprano, etc.". No, o no sólo eso: llega el verano, con su exigencia presupuestaria y de gestión del tiempo. La estación del supuesto descanso. Y la del descoloque de los hijos y muchos de nosotros, adultos que nos vemos compelidos por una fuerza mitad endógena, mita exógena -una invisible e inexorable mano que obliga- a alquilar algo por un pastizal u ocupar por narices la segunda vivienda, a convivir con la carencia de wifi o su precario funcionamiento, a leer también por narices, a la media ración cotidiana tras la estresante gymkhana por la captura de un velador. Me resisto -sin gran éxito, ya ven- a ejercer de cenizo; incluso vengo sintiendo, no sin preocupación, que tengo por primera vez en mi vida cuerpo de sombrilla, sudoku, botellín, raid mata moscas y factor de protección total. Llámenme renegado. Pero, la verdad, sin llegar a entonar el melancólico odio l'estate de un Bruno Martino que odiaba el verano porque lejos quedaba el paraíso de su memoria estival, el panorama es, siguiendo con el italiano, impegnativo: exigente y comprometedor. Toma verano, sí o sí: si no te lo tomas en julio, te lo tomarás ya manido en agosto. Y ve llenando la cartera, hermano.

Tiene su aquel hacer cola para comprar pan, churros, sardinas, tabaco, bombonas, cacao labial, carburante, las citadas medias raciones. Es un cambio de actividad, de esos que te dice Enrique Rojas u otro ayudante psicológico que te vienen de maravilla: cambiar el chip, lo llaman (¿por qué le llaman chip cuando quieren decir software y hasta hardware?) En estos días, usted carece de sus canales de pago, y dicen que se leen menos periódicos. Y esto puede ser una gran ventaja (siempre aceptando, claro es, que desconectar es algo benéfico y depurativo, aunque a usted le repela el imperio de la chancla y la bermuda de mayor o menor expresión). Que le den mucho al multazo tremebundo por sobrepasar el déficit público. Mucho a Draghi y mucho a Montoro. Una higa bien rechoncha para Piqué y otra para Ramos, y cuatro pares de ellas para Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera. Una larga cambiada a portagayola para el jefe, por supuesto. Siempre nos quedarán los Juegos Olímpicos con su tiro con arco y, en otro plan, su salto de altura femenino. Por cierto, ¿los darán en abierto, Dios mío?

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