La ciudad y los días

carlos / colón

Vergüenza cervantina

LOS políticos de esta mala hora -los de más bajo nivel político e intelectual en toda nuestra historia democrática- pueden enseñar las orejas totalitarias de lobo venezolano-populista, como hizo Iglesias en la Complutense arremetiendo contra un periodista porque estima que la prensa no habla bien de su partido (¡no todo va a ser Público, Cuatro y La Sexta, hombre!). Pueden ponerse en evidencia, escenificando su poca talla para tan serio momento, como hizo Rajoy proponiendo a Sánchez el gran pacto en los 140 caracteres de un tuit; y haciéndolo el mismo día que decía en El Toboso, sacando pecho cervantino, que "leer es muy importante, y leer no son sólo 140 caracteres". Toma coherencia. O pueden hacer el ridículo como el presidente en funciones y Cospedal y Rajoy tratándose el uno a la otra de Don Quijote y Dulcinea.

Pero estos son tics totalitarios, malas prácticas democráticas o gestos ridículos personales. Peor, mucho peor, fue el vergonzoso, cateto, cutre y hortera homenaje a Cervantes perpetrado por su señorías, bajo el liderazgo intelectual de Patxi López, quien tras demostrar su incompetencia como presidente de la Cámara la ha demostrado también como organizador de eventos, en el Congreso de los Diputados. Cantaores, cuentachistes, actores buenos y malos, un grupúsculo supuestamente gracioso que lanzaba frases llenas de estudiado ingenio como "Pimpam-pum, España es una gran fosa común" o "Todo aquel que tema la literatura que se ponga enemas de telebasura"… Y los leones de las puertas con gafas de secretarias del "Un, dos, tres, responda otra vez"… Un alarde de inteligencia que deja chico el cutrerío de la entrega de los Goya. Marca España, desde luego. De vergüenza.

En el inicio de la semana cervantina Patxi López dijo: "Esta semana que el Congreso dedica a Cervantes nace de una cierta envidia que sentimos cuando vemos como otros países tratan a sus creadores más relevantes". Y tanto que sentimos envidia, mi alma. Envidia de cómo Inglaterra está celebrando el aniversario de Shakespeare y de que 140 países se hayan sumado a la celebración inglesa, mientras aquí no viene ni el Tato. Sobre todo envidia de que allí no perpetren mamarrachadas como la que has organizado, no en otro lugar, sino en la mismísima sede de la soberanía nacional. Sin quererlo, Patxi, casi le has dado la razón a los vacaburros independentistas: hay veces que entran ganas de decir: "Goodbye Spain".

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