Ojo de pez

pablo / bujalance

Versión Original

DETRÁS de todo el asunto relacionado con el portal Versión Original, puesto en marcha por el Ayuntamiento de Madrid, caben algunas consideraciones. De entrada, la intención de dejar a los medios de comunicación en una situación de descrédito es evidente: todos los ayuntamientos tienen sus propias líneas de comunicación y emiten sus contenidos a través de diversos canales, pero aquí no se trata tanto de informar (una tarea legítima y necesaria) como de contradecir (puntualizar, dice el argumento oficial) lo que publican otros medios. En cada puntualización prevalacerá la idea de que el periodista no ha hecho bien su trabajo o ha obrado de mala fe, porque en el imaginario colectivo perdura aún el mito de la información objetiva cuando el periodismo es siempre una construcción de la realidad que no por particular es contraria a la verdad. Si la fuente contradice al periodista, éste tiene todas las de perder. Ya se sabe que Podemos y las distintas plataformas asociadas al 15-M mantienen una relación delicada con los medios: supieron aprovecharse como nadie del fraude del periodismo-espectáculo para hacerse con los altavoces idóneos y han demostrado una especial pericia para convertir las críticas en ataques. Aunque, de cualquier forma, al periodismo sólo le queda una respuesta: seguir haciendo lo que debe.

Pero resulta todavía más digna de atención la reacción del PP y el PSOE ante la ocurrencia de Manuela Carmena y los suyos. Ambos han coincidido en hablar de censura y en recurrir a tópicos como el 1984 de Orwell para mostrar su indignación en tono apocalíptico, que es de lo que se trata. Y uno no puede evitar que se le escape media sonrisa cuando lee estas cosas. Los de Podemos no parecen tener clara la función del periodismo en las sociedades democráticas, pero a los garantes del bipartidismo tampoco les faltan cuestiones que aclarar. La prensa no es un instrumento que puedan utilizar a su antojo, jugando con inversiones publicitarias o con primicias y exclusivas a modo de trampas para obtener beneficios propios. Es cierto que el periodismo ha abandonado su responsabilidad en este país demasiadas veces, pero también que los partidos sólo han sabido relacionarse con él a base de presiones, traiciones, cinismo y puñaladas por la espalda promocionadas como ejercicios de mano izquierda. Y aquí todos pierden.

El PP y el PSOE han dejado claro su deseo de intervenir y fulminar determinados medios en no pocas ocasiones. Así que, ahora, tan apasionada defensa de la libertad de expresión resulta tan enternecedora como sospechosa. Menos lobos, compañeros.

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