PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Veteranos que desbarran

LA gravedad de la salud económica de España, bien definida por Rajoy en su parte médico-parlamentario como "estado crítico", requiere que todos los gobernantes procuren dar una imagen de mayor seriedad. El primer ejemplo debe provenir de quienes tienen una cartera ministerial. No olvidar que el telón de fondo de su ración diaria de frases, y de sus pugilatos dialécticos con la oposición, son millones de familias en situación precaria, los jóvenes mirando dónde emigrar y un acelerado descenso del bienestar para los mayores. Sin embargo, sorprende de modo muy desagradable que, habiendo configurado Rajoy un Gobierno con personas cuyos currículos reseñan notable formación y mucha experiencia, algunos de los más relevantes ministros se están comportando como veteranos que desbarran. Cuando la responsabilidad les abrume por el riesgo de naufragio, deben desahogarse a solas escribiendo unas memorias, o conversando sin tapujos con su jefe político, o soltar adrenalina en el pádel. Pero nunca mediante comentarios de pasillo en reuniones institucionales, ni con jactancia ante los micrófonos para reafirmar sus tesis.

A qué vienen las frecuentes risas de Cristóbal Montoro, que ya sabe lo que es ser ministro. Hablar del déficit no tiene la más mínima gracia. A qué viene la panoplia de declaraciones contradictorias y radicales del ministro Luis de Guindos, quien ya fue secretario de Estado, y se dedica en el extranjero a hacer propaganda de sí mismo como consumado neoliberal, para que le tengan en cuenta en futuros despachos de sueldos galácticos cuando quede abrasado como titular de Economía. A qué viene soltar en el Parlamento un chiste sobre Franco si quien lo hace es el ministro de Exteriores, García Margallo, en comparecencia pública ante una comisión. A qué viene la arrogancia de José Ignacio Wert como ministro de Educación, dejando caer que los opositores no estudian en Navidad, cuando todo el mundo sabe cuánto afán se dedica en un país de tanto paro a opositar para meter la cabeza en la función pública.

Gobernar no sólo consiste en acertar con las decisiones. Para ejercer un liderazgo moral y reforzar la credibilidad, también requiere guardar las formas y transmitir seriedad. En lo que se dice y en el argumentario. Palabras, las precisas. Lo hace bien, por ejemplo, la ministra de Fomento, Ana Pastor. Porque ya están jodidos millones de españoles como para que sea precisamente el Gobierno quien les joda profiriendo tonterías.

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