Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

¿Viajeros?

SI pusiéramos en fila un miembro de cada generación de nuestros ancestros el que ocuparía el número 400 no se distinguiría mucho en esencia de los yanomamis del Amazonas: sería cazador y recolector, viviría en un poblado con varias mujeres, que serían las que harían todos los trabajos artesanales, tomaría estupefacientes pillados de cualquier matorral o colmena y su esperanza de vida apenas rebasarían los treinta años, expuestos a virus, depredadores e insectos con mala baba. Los yanomamis ya no son lo que eran. Los más próximos a la civilización occidental parecen vivir en un resort primitivo que abren para turistas pasados de vueltas. En un salto de siglos a lo que fueron, ahora visten camisetas y negocian en castellano. Siguen criando cerdos y gallináceas y se emborrachan con miel y agua. Han creado un parque temático en torno a su exótico estado, como los participantes de Perdidos en la tribu.

Callejeros viajeros ofrecía el domingo su viaje hasta estas hamacas y mosquiteras de los yanomamis, un pueblo guerrero que hubiera desbaratado todas las ilusiones de Rousseau. La reportera de Cuatro tenía que haber sido más consciente de la oportunidad. Sentía más bien que se encontraba en un Cancún low cost, reaccionando como si los indígenas fueran pelín tontos (típica reacción de los que se creen de una cultura superior por manejar un iphone y usar colonia), y al final se manejaba como un Paco Martínez Soria en el Madrid del desarrollismo. Con una banda sonora facilona, inoportuna (hay que ser cutre para pinchar, por ejemplo, Maquillaje de Mecano), este reportaje desaprovechado parecía el vídeo de unas simples vacaciones en el pueblo. Sin explicaciones reflexivas, sin inivtar al espectador a pensar sobre sí mismo, este Callejeros en el neolítico aportó sólo hojarasca, con preguntas tontas, obviedades e ingenuidades.

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