la tribuna

Ana M. Carmona

Victoria pírrica del PP

LAS elecciones andaluzas celebradas ayer sitúan como fuerza vencedora al Partido Popular que, con 50 escaños, logra por primera vez en la historia de nuestra comunidad autónoma ganar unas elecciones regionales. Muy lejos de la holgada mayoría absoluta que le auguraban las encuestas, los populares han obtenido una exigua mayoría (tres escaños por encima del Partido Socialista) que, a pesar del logro histórico que la misma supone, no resulta suficiente para que Javier Arenas pueda convertirse tampoco esta vez en presidente de la Junta de Andalucía.

El hecho es que, a pesar de los escándalos de corrupción de los ERE y el enorme desgaste provocado por 30 años en el gobierno, no se ha producido un decisivo vuelco electoral a favor de los populares que les permita auparse al poder en nuestra comunidad. Así pues, la considerable pérdida de diputados experimentada por los socialistas que -de 56 en 2008 pasan a 47 en 2012, o sea, 9 menos- no se traduce en una debacle real, en un hundimiento definitivo. Y no lo es (o habría que decir que previsiblemente no lo será) gracias a dos variables externas, de diversa índole, pero estrechamente vinculadas.

La primera es consecuencia directa de la aritmética electoral, situándonos ante los resultados obtenidos por Izquierda Unida, que duplica el número de escaños obtenidos y que pasa de 6 diputados en los comicios de 2008 a 12. Con tales resultados, y teniendo en cuenta los de los dos partidos mayoritarios, IU se convierte en la llave imprescindible para la formación de gobierno en nuestra comunidad: con su apoyo o con su abstención, la voluntad de dicha fuerza se erige en factor determinante para la gobernabilidad.

No cabe perder de vista, sin embargo, y aquí se sitúa la segunda de las claves interpretativas, el tablero político nacional y su reflejo inmediato sobre el contexto andaluz. A nadie escapa que las (todavía) escasas, pero incisivas medidas hasta ahora adoptadas por el gobierno de Mariano Rajoy en la gestión de la crisis, así como aquellas otras que se adivinan en el horizonte, están generando un clima de creciente contestación social y de profunda desconfianza. Es precisamente esta movilización la que confiere un importante sustrato para que las fuerzas políticas progresistas se muestren predispuestas a la convergencia y a la suma de fuerzas frente a la ola conservadora dominante.

Con una reforma laboral profundamente escorada a favor del poder empresarial (la huelga general a la vuelta de la esquina) y ante la política de importantes recortes sociales que se anuncian desde el Ejecutivo central, el guión de una coalición PSOE-IU en Andalucía se perfila con bastante nitidez.

De la conjunción de ambos factores cabe inferir, por lo tanto, que José Antonio Griñán tendrá el camino expedito para formar un Gobierno de coalición con Izquierda Unida. Con la aritmética parlamentaria de su parte, sin embargo, la senda hacia la conclusión de un pacto de gobierno no se presenta en absoluto fácil. Para empezar, los socialistas han perdido el cetro de primera fuerza política en Andalucía, mantenido de forma ininterrumpida durante treinta años y lo han hecho en un contexto de profunda desacreditación política a causa del escándalo de los ERE. Habrá que ver cómo y en qué términos hará valer IU tal circunstancia.

Por otro lado, la situación de crisis en la que se halla inmersa nuestra comunidad autónoma exige unas dosis extraordinarias de seriedad y rigor, de tal manera que lograr puntos de coincidencia entre los socialistas y sus potenciales socios de gobierno, más allá de la retórica política, se presenta como punto crucial. Veremos cómo se despejan las incógnitas, pero la necesidad de abordar la compleja situación de Andalucía a partir de un programa que centrado en la reactivación de nuestra maltrecha economía y en la recuperación del empleo no deja espacio para mayores veleidades populistas.

Los socialistas resisten en el gobierno andaluz, pero ya no estarán solos sino en compañía de IU. Habrá qué ver cómo afrontan el duro lance que les espera durante los cuatro próximos años. Empieza una nueva etapa.

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