Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Viento a favor

CUANDO ya asoma en el horizonte el primer aniversario de su llegada a la Alcaldía parece que, por ahora, el viento se le pone a favor a Juan Espadas. El buen resultado del dispositivo de seguridad puesto en marcha para que Sevilla recuperase una Semana Santa que, claramente, se le estaba yendo de las manos y la aprobación de los primeros presupuestos del mandato con el apoyo de IU, por su izquierda, y Ciudadanos, por su derecha, da pie para encarar el tiempo que queda en una situación de fortaleza política que sus discretos resultados electorales y lo forzado del pacto que lo colocó en el sillón de la Plaza Nueva hacían difícil imaginar hace sólo unos meses. Espadas, sin realizaciones ni anuncios deslumbrantes, le está dando a su gestión un barniz de eficacia y está evitando, desde la discreción que es una de sus marcas definitorias, meterse en charcos que podrían comprometerlo.

El éxito de la Semana Santa, que reconocen propios y extraños y que aspira a repetir en la Feria, es por ahora su logro más importante porque se lo han vivido a pie de calle decena de miles de ciudadanos. Y lo que pasa en la calle, para bien y para mal, se anota indefectiblemente en el balance del alcalde. El reto, que era arriesgado, ha salido bien porque se ha encargado de él a personas eficaces, con el delegado municipal Juan Carlos Cabrera a la cabeza, y porque se ha tenido la enorme inteligencia de dejar atrás prejuicios políticos y apostar sin anteojeras por la colaboración entre administraciones de diferente signo político. Los representantes del Gobierno central en Sevilla -tanto la subdelegada, Felisa Panadero, como el delegado, Antonio Sanz- no sólo han estado a la altura de las circunstancias, sino que se han volcado en una tarea que era un servicio a la ciudad por encima de cualquier otra circunstancia. Las cosas han salido bien y todos hemos salido ganando. Como lo ocurrido no es, por desgracia, muy frecuente, conviene resaltarlo para que pase de ser excepción a norma.

Si la Semana Santa ha sido un logro de cara a la opinión pública, la aprobación de los presupuestos tiene una enorme trascendencia política para un alcalde que no ganó las elecciones y que consiguió un pacto con dos fuerzas políticas que iban necesariamente a hipotecar su mandato. IU tiene experiencia de gobierno en el Ayuntamiento de Sevilla y no era previsible que cayera en la locura. Más complicada era la relación con Participa Sevilla, la marca de Podemos en las elecciones municipales, aunque a estas alturas no se sabe ya si están en la órbita morada o en algún otro sitio. Lo cierto es que desde el primer momento se vio que era una relación envenenada que podría poner a Espadas en situaciones imposibles de gestionar desde la moderación y el pragmatismo en el que se mueven tanto el PSOE como el alcalde. El acercamiento a Ciudadanos y el acuerdo que permite sacar adelante un presupuesto coherente sitúa las cosas en el buen camino y da al gobierno municipal un oxígeno sin el que tendría muy difícil la supervivencia.

Pero haría mal el alcalde en confiarse. Si hay una política frágil es la municipal. Que se lo pregunten si no a Juan Ignacio Zoido, que pasó del infinito al cero y que todavía se está preguntando, al modo del ahora tan citado Mario Vargas Llosa, que cuándo se jodió el Perú. Zoido olvidó que un alcalde tiene como principal obligación no perder la conexión con la calle y que una gestión municipal se justifica por realizaciones de esas que les facilitan la vida a los ciudadanos y que se pueden ver y tocar. Sevilla tiene encima de la mesa la misma lista de problemas pendientes que tenía hace un año o hace cinco. A ninguno se le ha metido mano y la recuperación aún no ha pasado por aquí. En Sevilla el viento es cambiante y Juan Espadas haría bien en tenerlo en cuenta.

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