La ventana

Luis Carlos Peris

Vientos de censura en un mundo ya proceloso

VAYA tela la que formó mi dilecto Antonio Barbeito el día que, en vísperas de su pregón, desveló que no iba a misa. Aquellos polvos trajeron los lodos que el domingo destripaba en estos papeles Carlos Navarro. El compañero y, sin embargo, amigo sacó de los más recónditos rincones la inminente aguja de marear en cuestión de cofradías. El Arzobispado va a retomar su lápiz más rojo para, entre otras cosas, evitar que se mueva un varal sin su aquiescencia. La sombra del Cardenal Segura y de Curro Abaurrea revolotearán de nuevo por el proceloso mundo de las cofradías, que ya está bien de la ola de liberalismo que nos invade, se habrán dicho en Palacio. Y para el gran público sobresale cómo será la elección del pregonero, no vaya a ser que le cuelen a otro que tampoco vaya a misa. Cinco nombres para que elija Palacio, vaya papelón en barras y mentideros varios para los cuatro que se queden sin atril.

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