Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Vis o no vis

FORMARON una fiesta yanqui: público en vivo, cerquita, entregado, gran dispendido de directo, decorados al aire (nada de cutres chromas), focos a tutiplén y un ramillete con algunos de los rostros más reconocibles de Globomedia. Algunos de esos tipos que sólo con verlos ya predispones los cigomáticos, como Viyuela. La productora más versátil en la ficción mostró sus poderes para uno de sus mejores clientes, Cuatro. Ambas partes fueron firmes en traer de los USA uno de los programas más carismáticos, Saturday Night Live, de la NBC. Ya en su tiempo, en el Plus, acertaron con versionar la stan up comedy que tanto se estila por allá, con el archicopiado El club de la comedia. Lo de Saturday es un empeño más televisivo, más personal, y por eso puede tardar unas cuantas semanas en encontrar su punto. El estreno, al grano, fue un churrete. Arrancó indiferencia. O un poco de decepción.

Que en el prime time español haya un programa como SNL, aunque sea en jueves, no es mala noticia. Pero la primera entrega dejó mucho que desear. El estreno con el serrano Resines de anfitrión reprodujo algunos de los mejores momentos del estadounidense y los actores de Globomedia no supieron extirpar jugo de las situaciones. El numerito del grupo de rock con el cencerro, con el que se parten los de allí, aquí causó desconcierto, y nos dio grima, más que risa, que repasaran a lengüetazos el rostro de Nuria Roca en el restaurante de los italianos priápicos. Todo mal resuelto.

El goyarizado Javier Fesser es capaz de hallar la vis cómica que tiene el lacio de Casillas en sus nuevos anuncios. Pues en SNL un tío brillante como Secun de la Rosa se quedó opaco. Como diplomático gaditano que quería solucionar el conflicto palestino con un israelí tuvo alguna gracia. Claro, fue el único guiño autóctono del programita.

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