La ciudad y los días

Carlos Colón

Viscerales unidos

AL recoger el premio a la trayectoria política que le ha concedido una fundación cuyos responsables tal vez deberían pasarse por la Óptica Moderna, el alcalde, además de hacer gala de su habitual modestia y carácter autocrítico al afirmar que "trabajando todos los días, terminas haciéndote imprescindible", insistió una y otra vez en la bondad de su carácter y la honradez de su persona. Hasta los "adversarios políticos y los medios de comunicación que reflejan los defectos y fallos, que son muchos, de mi tarea política -dijo-, reconocen que soy una persona honrada... La honestidad es lo que más vale".

Lo decía horas después de que se supiera que lo que él mismo había llamado una mentira de la oposición, un error o un despiste -el caso de las facturas falsas en el distrito Macarena- fuera juzgado unánimemente por un jurado popular como un delito, quedando visto para sentencia con un pronunciamiento desfavorable a la suspensión de la pena y el indulto para los dos acusados. Sólo un día antes el alcalde había dicho que "desde el punto de vista político y mediático el caso se está desinflando total y absolutamente".

"¿Quién dijo ayer que el caso se estaba desinflando? Esa persona es la que se desinfla y debería dimitir, porque Sevilla no se merece un alcalde salpicado por un caso de corrupción" clamó, al conocer la sentencia, la secretaria general del Partido Andalucista que destapó el asunto, interpuso la denuncia hace cuatro años y ha sido el único partido -tras la retirada del PP, que también debería pasarse por el oculista- que la ha mantenido; hasta demostrar en los tribunales que la ley y la razón estaban de su parte.

Desgraciadamente la ley y la razón son débiles aliados en este país nuestro. Pueden más los prejuicios y los intestinos. Con independencia de la decisión del jurado este caso, como tantos otros, como el escándalo que sacude actualmente al PP madrileño, ya ha sido fallado entre los militantes y los votantes viscerales: en Sevilla se trata de una maniobra de la oposición, que pretende manchar a todos con la culpa de unos cuantos; como en Madrid se trata de una maniobra del Gobierno para herir a la oposición en la víspera de las elecciones gallegas y vascas. ¡Qué asombroso parecido en las dos reacciones! Es que, por encima de socialistas o populares, son españoles. Y por mucho que se diga que España se está desintegrando, la irracionalidad, el sectarismo, la adhesión inquebrantable, la cortedad de miras y la irracionalidad o la picaresca partidista la unen con una fuerza que ninguna diferencia ideológica o nacionalista podrá romper.

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