la ciudad y los días

Carlos Colón

Vísceras

Aveces este país me da miedo. Sobre todo por sus reacciones viscerales, que tantos males nos han traído en otros momentos.

Reacciones viscerales que, en estos últimos tiempos, se prodigan más en la izquierda que en la derecha.

Con relación a la sentencia dictada contra Garzón me dan miedo las declaraciones de los líderes de IU que comentaba aquí ayer, en las que se acusaba de linchamiento al Tribunal Supremo. Me da miedo vivir en un país en el que el ex fiscal Jiménez Villarejo diga que "el Supremo es un tribunal arrodillado a la corrupción que representa Gürtel", que quienes lo integran son "una casta de burócratas al servicio de la venganza institucional" y que los jueces Luciano Varela y Manuel Marchena "han acreditado a través de esta sentencia su enemistad expresa" con el juez. Me da tanto miedo que estas cosas sean ciertas como que no lo sean y se puedan decir impunemente.

Si lo que afirma Jiménez Villarejo es cierto vivimos en un país en el que las más altas magistraturas están arrodilladas ante la corrupción y son instrumentos de venganzas personales. En un país en el que, como también ha dicho el ex fiscal refiriéndose a la sentencia contra Garzón, el Supremo es "un tribunal que es nulo", la sentencia que ha dictado "carece de fundamentos rigurosos" y es "la culminación de una venganza institucional". Una catástrofe, vamos.

Pero si lo que afirma es falso y no sucede nada, la cuestión no es mucho más tranquilizadora. Porque de una dictadura bananera en la que el Supremo actuaría vengativa y arbitrariamente pasaríamos a un Estado débil, un país de chicha y nabo en el que se pueden formular las más tremendas y graves acusaciones, nada menos que contra el Supremo, sin que la cosa tenga consecuencias. Si a Pacheco le costó un disgusto decir que la Justicia es un cachondeo, ¿qué debería pasarles a quienes dicen que el Supremo lincha, es fascista, está arrodillado ante la corrupción o es instrumento de venganzas personales e institucionales?

En la manifestación de la Puerta del Sol se llamó al Supremo "mafia judicial", se pidió la "depuración de los jueces franquistas" (¿no está curado ya este país de depuraciones?) y se gritó "¡Fuera franquistas del Tribunal Supremo!". He leído estos días artículos de opinión que sólo podría firmar un loco o un fanático. En uno de ellos se establecían paralelismos entre la sentencia del Supremo y los fusilamientos de jueces leales a la República tras la Guerra Civil, añadiéndose: "¿Qué juez va a atreverse mañana con el PP? En Italia los volaba la mafia. Aquí los inhabilita la Audiencia Nacional". Me da miedo este país, sí.

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