Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Visiones

SERÁ la última vez que hablemos de Eurovisión por aquí en lo que queda de año. Bueno. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre si TVE podría aspirar a ganar el festival (qué digo ganar, quedar en buen lugar), el sábado quedó claro que con el actual sistema de televoto popular es imposible. Y no lo decimos por el pobre bagaje conseguido por Chikilicuatre, acorde con lo que presentaba, un cachondeo que no dio la suficiente nota en el ámbito continental, sino por la discreta acogida de canciones de calidad de nuestro entorno, como la portuguesa.

Habrá que disfrutar y ya está, que es bastante. No hay más cera que la que arde más allá del Danubio. Si el compadreo votante se mantiene en Eurovisión sólo nos queda que gane un país ex soviético o de la órbita balcánica. A nosotros nos regalan los 12 puntos de Andorra, pero Rusia, o Letonia, o Ucrania, si van fuertes tienen asegurados 120 puntos más lo que les cae por añadidura. Sólo es una cuestión de lógica matemática. Ya llevemos a Rosa, a Chikilicuatre o a Plácido Domingo. No nos mosqueemos por lo que elija TVE o la audiencia. Eso sí, dejaría una rendija de posibilidad si enviáramos a un tipazo suramericano al estilo de Shakira.

Ay, el Chikichiki perdió (y bien perdido), pero Buenafuente ganó. Le han dado un alegrón al servicio público (ja) de TVE, mientras unos cuantos se han forrado con la broma y muchos nos hemos reído durante unas cuantas semanas. Incluidos con los polémicos reportajes serbios de Berto.

Eurovisión lo ha ganado el que, dicen, es el Enrique Iglesias del Este. Claro, nosotros también ganaríamos de calle si lleváramos a Enrique Iglesias... al festival de la OTI. Pero por suerte hace ya tiempo que dejó de celebrarse este potro de tortura entre hermanos hispanoamericanos.

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