la tribuna

José Luis García-Palacios

Vive la France!

NO puedo tener este sentimiento hoy y no gritarlo a los cuatro vientos. Vive la France! Hemos recibido y disfrutado de toda una lección de responsabilidad, afición, pasión y de saber hacer: nuestros queridos hermanos franceses en la afición taurina han conseguido que, en base a una labor callada, seria y constante, su Gobierno haya declarado a la Tauromaquia Patrimonio Cultural Inmaterial de Francia.

Y es posible que haya alguno que todavía mire de reojo a Francia y piense "¿qué se habrán creído éstos?, ¡si esto es español!". En esto de los toros, los franceses nos han enseñado muchas cosas, la cuestión es que nosotros no las queremos aprender, se piensa ampliamente que el toro lo entendemos principalmente nosotros, la tradición está aquí y por eso está muy bien recibir aficionados de fuera, incluso allende los mares, pero la salsa, el sabor de verdad está aquí y sólo aquí. Basta asomarse un poco más allá de nuestras fronteras mentales y geográficas para asumir, con una sonrisa de satisfacción, la gran labor que se hace en Francia en pos de la afición taurina, así como el carácter que ésta misma tiene en nuestro país vecino.

Por cuestiones profesionales ajenas al toro he tenido ocasión de estudiar al francés desde otros aspectos, y he podido comprobar la capacidad que tienen para la defensa de lo suyo. Les puedo asegurar que no ahorran ni esfuerzo ni medio alguno en el campo de batalla, figuradamente hablando, claro está. Esto me ha provocado meses de trabajo para tratar de contrarrestar los intereses encontrados que en relación a esos aspectos teníamos que enfrentar. La conclusión final que extrajimos no fue otra que el archiconocido chauvinismo francés; pues mire usted, podría ser un pellizco de lo que falta en la receta para redondear lo que significa esta deliciosa nación que es España, siempre pensando que lo que viene de fuera es mucho mejor. Pues ni una cosa ni la contraria.

El modelo francés de la fiesta taurina es muy comentado y reconocido en ciertos estamentos de la afición española, pero de complicada asimilación aún, ya que nos encontramos con intereses contrapuestos al respecto y con ciertos prejuicios que no hacen sino entorpecer la visión del camino que debemos recorrer. El primero de ellos, la Administración, que no quiere dejar en potestad de la afición ni siquiera ciertas opiniones, vinculantes o no. Seguidamente, algunos empresarios taurinos, con un cuarto de ideas de lo mismo, salvo en contadísimas plazas de toros en las que se dan unas circunstancias que vislumbran cierto paralelismo con el modelo francés, y que suelen ser en su mayoría norteñas. Y los aficionados, que también tenemos nuestra miga.

Pero hoy no quiero la crítica en mis líneas, en cualquier caso el revulsivo para echar a andar esas ganas que nos brotan a raudales por nuestros poros de afición. Mientras que aquí se utiliza al toro para dividir ideológica y políticamente al ciudadano de a pie, en Francia se recurre a él para demostrar la importancia cultural que atesora desde hace más de siglo y medio. Mientras que en España algunos se empeñan en usarlo como cuña de fractura, en Francia se demuestra al resto del mundo el reconocimiento institucional del valor cultural de la Tauromaquia, inscribiendo su protección y consagrando la excepción cultural que conduce la ley a descartar la prohibición de la Fiesta de los Toros, basándose, nada más y nada menos, que en los requisitos exigidos por la Unesco para dicha protección.

Ayer felicitaba y me congratulaba con mis más cercanos franceses en España, estaban profundamente emocionados, tanto como cuando sientes un capote de Morante, un natural de José Tomás, la elegancia de Ponce o la fuerza de Julián.

Mi más sincero agradecimiento para André Virad, presidente del Observatorio de la Culturas Taurinas, al insigne François Zumbielh, al celebérrimo Francis Wolf, a la señora Guillaume-Alonso y a los innumerables impulsores de tan merecido reconocimiento, alcaldes, empresarios, toreros, profesionales y aficionados franceses. Ahora debemos seguir el ejemplo, no ahorremos esfuerzos, ni creamos que son suficientes los que hacemos, y por supuesto, no pensemos que nos han adelantado, nos están respaldando y apoyando con toda la pasión que este país, Francia, pone en todo aquello que firmemente defiende. La Tauromaquia es universal.

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