Visto y oído

Antonio / Sempere

Vocación

ESTÁ muy bien que la televisión quiera estimular la mente y se convierta en un sudoku gigante los lunes por la noche, pero todavía lo es más que se colaran a través de sus rendijas, y por donde menos te lo esperas, motivos para la reflexión. A mí me sucedió, sin ir más lejos, en el Telediario del fin de semana, el de David Cantero y María Casado, tan atento a las cuestiones sociales, y a mucha honra, cuando denunciaron la carencia de facultativos para los más pequeños de la casa. Faltan pediatras, rezaba el titular, y allí que aparecía una de las médicos que tienen que pechar con consultas interminables, poniendo a caldo a la administración. Me chocaron mucho las palabras de la doctora: "Entro aquí a las nueve de la mañana, y hay días que no salgo hasta las ocho de la tarde. Y sólo paro a comer". Sí, me chocaron mucho estas palabras.

Si hubiese tenido el correo electrónico de la señora, le hubiese enviado unas líneas. Pocos trabajos habrá tan nobles como sanar niños. Pocas personas podrán levantarse con la ilusión de quien tiene en sus manos la responsabilidad y la satisfacción de ayudarles. Esta mujer no debe tener ni idea de a qué horas salen mis compañeros periodistas de su trabajo. Algunos, sin parar a comer.

Claro que esta doctora sólo mira por lo suyo, como todos. Y no se compara con el resto. Como para compararse. La gente es muy rara. Los mismos que pelean como locos por lograr la plaza en una oposición luchan con uñas y dientes, cuando ya la han ganado, por el escaqueo, los días libres y las mejores vacaciones. Parece que la gente quiere un sueldo, no un trabajo. Si tuviera un mínimo de vocación, esta doctora no se atrevería a quejarse en público. Cuando los intereses de los trabajadores distan tantos años luz de sus ocupaciones, que llegue esta buena mujer a quejarse parece poco menos que una provocación. Mueve tu mente.

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