BREIKIN NIUS

Ignacio Gago

De Voltaire a Vasile

EL jefe de Telecinco, Paolo Vasile, no aspirará tampoco este año al Premio Nacional de Televisión que concede el ministerio de Cultura. Tampoco a la medalla de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente por sus documentales de naturaleza o el reconocimiento de Save the children por la programación infantil de su cadena. Definitivamente, no. Pero este italiano de pelo cano sí podría optar a la medalla al mérito en el trabajo en televisión, no en vano anda a punto de cumplir 12 años como consejero delegado de Telecinco, la cadena más vilipendiada por la clase pensante y, hasta hace bien poco, la más vista en España. Lejos queda aquel invento solidario que se sacó de la chistera llamado 12 meses, 12 causas para intentar confundir al personal.

Ya es un síntoma (y paradoja) que la ventana de su despacho madrileño tenga justo enfrente apuntándole los cañones de un cuartel del Ejército. Sin embargo, su castillo televisivo permanece incólume a los ataques y a las críticas que martillean sus muros. Los que le colocaron en la silla entienden que el personaje es sinónimo de éxito empresarial, como demuestran sus cuentas anuales con números bien negros y un valor en Bolsa apetecible para los inversores.

No se equivoque. Paolo Vasile no es santo de mi devoción ni la suya mi cadena preferida, lo que no quita que me descubra ante un animal catódico que factura un modelo de televisión que cuenta con el beneplácito diario (lo que importa en este negocio) de millones de espectadores. Telecinco comenzó en 1989, bajo la batuta de Lazarov, siendo el canal de las mamachichos. En el cambio de siglo se convirtió posiblemente en la televisión con las mejores series de ficción nacionales e internacionales. Ahora, en 2011, se ha labrado a pulso la imagen de una tele donde el concepto de la telebasura campa a sus anchas, con sobresaturación de telerrealidad y programas del corazón. La moda pasajera que dura demasiado caerá por cansancio de la audiencia y el canal sabrá refundarse. No será la BBC británica ni la pública PBS estadounidense, pero a buen seguro que seguirá contando con un público fiel. No en vano, desde que es capo en Telecinco ha perdido 7,5 puntos de cuota de pantalla, por 12 de Antena 3 o los más de 10 puntos que La 1 se ha dejado por el camino de la fragmentación.

Parafraseando a Voltaire, Vasile debe saber, y lo sabe, no lo dude, que muchos espectadores no comparten su idea sobre cómo manejar una cadena, pero pelearían para que pudiera seguir emitiendo la programación que estime más idónea para sus intereses. Y si se pasa de la raya legal -no la del buen gusto-, habrá que echar mano de un libro llamado Código penal, mucho menos ameno que el Teleprograma. Y sin fotos.

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