PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Vuelve el 'cuanto peor...'

EN Atapuerca ya éramos así. Montábamos una bronca para quedarnos con la mejor presa del mamut y no importaba que dejáramos al vecino sin oxígeno. En el año 2008 aún no se ha extinguido la España iracunda, carpetovetónica, del ¡vivan las caenas! y del ¡cuanto peor, mejor!. En el bicentenario de la Guerra de la Independencia, la intifada de algunas asociaciones de transportistas es un amotinamiento donde importa un bledo bloquear durante un tiempo el transporte de víveres a los hospitales, por no dar más ejemplos de portes que en cualquier país civilizado estarían absolutamente garantizados y libres de piquetes. Cuando nos sale la vena ultramontana, España es temible. Porque se lía a garrotazos consigo misma.

Los irresponsables modales de este paro patronal tienen su correlato en la falta de reflejos de un Gobierno que estaba refugiado tras la crisis del PP. El viernes pasado, o el sábado como muy tarde, ante la que se avecinaba con el inicio del conflicto en la madrugada del lunes, y la amenaza de taponar fronteras, puertos y centros logísticos, aprendiendo de traumáticas experiencias similares tenía que haberse reunido en Moncloa un gabinete de crisis. Como mínimo altos cargos de Agricultura, Fomento, Industria e Interior debían haber articulado un plan de prioridades que no conculcaran el derecho de huelga, con rutas organizadas, señalizadas y escoltadas a salvo de cualquier puñado de insumisos envalentonados.

La reacción gubernamental ha sido tardía y cinco días después, aunque las patronales a la greña son una quinta parte del sector, la incidencia del problema es superior a ese porcentaje porque aún hay muchos camioneros y repartidores que tienen miedo a a jugarse el físico, el vehículo y la carga.

Lo único positivo es que la población ha aprendido cómo la red de transporte es un eslabón básico de la producción diaria de muchas industrias que, en la era actual, han reducido a la mínima expresión el almacenamiento. Las empresas se producen sobre ruedas. Y en España las crisis las apagamos con carburante.

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