el periscopio

León Lasa

Weber, Lutero y los cerditos

EL equivalente en inglés a la expresión española de "un burro volando", para denominar algo inverosímil o difícil de creer, es flying pigs, es decir, cerdos que vuelan. Quizá por eso, con evidente dosis de mala leche, recién acabada la bacanal del crédito, allá por 2007, algunos medios sajones inventaron el acrónimo PIGS para denominar despectivamente a esos países históricamente perdedores que, de forma poco creíble, habían volado alto durante la última época. Por si hay algún despistado que aún no haya leído nada al respecto los mismos son Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y nosotros, en inglés. Los cerditos que volaban, al final, se pegaron la castaña, resumían con cierta rechifla. Pero, también relacionado con esto, últimamente se ha venido debatiendo en ciertos medios sobre alguna de las características comunes a estas naciones periféricas. Puede que la más llamativa sea que en ninguna de ellas la religión protestante, de una manera u otra, haya prevalecido cuando las religiones todavía significaban algo más de lo que significan hoy en día. De nuevo, pueden adivinarlo, a la palestra Max Weber y su monumental La ética protestante y el espíritu del capitalismo.

¿Tiene que ver la religión, en definitiva, la impronta cultural, para explicar el éxito o el fracaso de diversos países? ¿Es tan importante el que tanto Irlanda como Italia, Portugal o España sean países nominalmente católicos o es pura casualidad? Por alejarnos de Europa, ¿por qué naciones "nuevas", enormes, como EEUU, Canadá y Australia han prosperado económicamente y, en cambio, Brasil o Argentina no lo han hecho en igual medida? ¿A qué se debe? ¿A la religión u origen de sus colonizadores, al clima? Weber defendía sin ambages en su obra que la ética protestante, austera, ahorradora, que alababa la laboriosidad y el cumplimiento de las obligaciones, la acumulación de riqueza pero no su ostentación era más práctica, desde el punto capitalista, que la católica, que consideraba el trabajo como un castigo bíblico del que escaquearse a nada que se pueda y el ahorro como un defecto pequeño burgués y miserable. Algo de razón no le faltaba al prusiano. Pero, aunque en esto hay opiniones para todo, no hace mucho los profesores Becker y Wossman, de la Universidad de Múnich (Was Weber wrong?) han postulado que la superioridad económica de las naciones o regiones protestantes sobre las católicas no se debe tanto a esa ética weberiana como al capital humano, esto es, a la pronta alfabetización de esas zonas, que tenía como principal finalidad en un principio la lectura directa y en la propia lengua de la Biblia que propugnaba Lutero. ¿Ética, educación, clima, casualidad?

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