coge el dinero y corre

Fede / Durán

Yanquis contra pies negros

MENSAJE de Rajoy a los agentes sociales: pactad o legislaré. Fotografía previsible: no habrá pacto y entonces conoceremos la verdadera naturaleza ejecutiva del enigmático líder gallego. Opciones: idear la enésima reforma light o hacer lo que le pide el cuerpo y le dictan los filósofos más audaces de la ciencia laboral. Elijamos esta segunda vía y describamos el paisaje: el PP tocará la negociación colectiva y la indemnización por despido. La primera parte, por aburrida y farragosa, la dejamos para otro día. Interesa, por su impacto en el bolsillo del ciudadano, la otra cuestión. Vamos allá.

La alternativa más radical es la supresión de las indemnizaciones por despido. Ni 45 días, ni 33, ni 20. Nada. Cero. Así funciona Dinamarca, con la diferencia de que allí las prestaciones por desempleo son bastante generosas. Motivos: 1. Se elimina el riesgo de que una empresa se arruine por tener que asumir despidos millonarios y/o masivos. 2. Se recupera la lógica original indemnizatoria, que consistía en cubrir al empleado cuando no existían sistemas de protección como la prestación o el subsidio. 3. España deja de ser el país más gravoso de Europa en esta liga (42 mensualidades más 45 días por año trabajado como clímax). 4. El empresario pierde el miedo a contratar (la teoría del miedo es discutible, pero es la que prima en determinados sectores ideológicos) y compensa con este lifting su otra gran carga, los costes laborales (la suma de salarios y cotizaciones).

Naveguemos en el tiempo inspirados en H. G. Wells y asumamos que todo lo anterior sucede. Hay dos efectos colaterales muy obvios. Efecto A: a la proverbial dualidad del mercado laboral español, un tablero donde dos bandos irreconciliables -los indefinidos y los temporales- redistribuyen permanentemente sus fuerzas (la indefinición gana por goleada en términos absolutos; la temporalidad en términos evolutivos), se complicaría aún más porque el modelo indemnización cero no tendría efectos retroactivos y haría convivir en una misma compañía a empleados pata negra (los de 45 ó 33 días) con subempleados marca blanca. Efecto B: la (in)movilidad laboral/geográfica, un problema endémico en España que sitúa el paro estructural en más de tres millones de personas según distintos estudios, se multiplicaría con la furia de las peores plagas. Obviamente, nadie quiere cambiar sus 45 días por un rosco en una nueva empresa donde, además, el contador de la prestación también se reinicia. Los más veteranos se aferrarían a sus mesas y despachos como aquellos abanderados yanquis que veían caer a sus compañeros en mitad de un tiroteo contra hordas de sioux o pies negros sin dejar de sostener el trapito de las barras y estrellas. Incluso las jugadas más valientes encierran peligros insondables. Pronto sabremos si Rajoy está dispuesto a asumirlos.

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