la tribuna económica

Rogelio / Velasco

Zapatero en China

EL presidente del Gobierno se encuentra esta semana en China en visita oficial. Es la cuarta en los siete años al frente del Gobierno. Las exportaciones de un país, la penetración de sus productos y servicios en el mundo, depende, fundamentalmente, de la capacidad competitiva que tenga el tejido productivo. Bienes y servicios con una buena relación calidad-precio y empresarios y empresas dinámicos y emprendedores.

La economía española ha realizado un progreso extraordinario en los últimos diez años en el ámbito exportador. El peso de las exportaciones en el PIB ha pasado del 12% al 19%. Pero queda mucho por hacer.

En particular, con China, las relaciones económicas son extraordinariamente desequilibradas. España exportó el pasado año 2.600 millones de euros al gigante asiático, pero importó bienes por valor de 19.000 millones. China se ha convertido en uno de los tres proveedores más importantes en apenas diez años.

Situándose en primer lugar la relación calidad-precio de los productos como variable explicativa de las exportaciones, los acuerdos entre Estados, las negociaciones políticas, representan un elemento fundamental en algunos sectores y países Una gran obra pública -la ampliación del canal de Panamá, por ejemplo- sólo se consigue si se ejerce un eficaz lobby político.

En otros casos, como es el de China, un comercio exterior regulado en gran medida por el Estado, sólo puede ampliarse si existen unas relaciones políticas intensas que se cultivan con visitas, intercambios y los mecanismos diplomáticos adecuados.

El presidente del Gobierno visita China con un grupo de empresarios, aunque uno de los objetivos más importantes es el de la financiación exterior de la deuda pública, de la que China detenta el 12%.

Aunque sea tarde, ese es el tipo de política exterior que este país ha venido necesitando durante los últimos años y que, lamentablemente, no se ha practicado. El anterior ministro de Asuntos Exteriores, Moratinos, viajó repetida y desproporcionadamente a Oriente Próximo y a Cuba, con el objeto de mediar en ambos casos en la solución de los problemas. Los resultados han sido muy escasos, por no decir nulos. De hecho, en la última gira a ambas zonas el pasado verano, el gobierno cubano le negó a España el papel de intermediador con EEUU y el Gobierno israelí hizo lo propio en relación con Palestina.

El asunto es más serio aún si tenemos en cuenta la endeblez de nuestro servicio exterior. España cuenta con 1.000 diplomáticos. Holanda (la mitad de la economía española) cuenta con 1.800. El Reino Unido (un 50% mayor) cuenta con 4.000. Contamos, pues, con un servicio exterior pequeño dedicado a las tareas equivocadas. Las comunidades autónomas más activas en la promoción comercial exterior se han sentido huérfanas por la falta de apoyo del Gobierno central, incluyendo Andalucía. No pongo en duda las buenas intenciones con otras áreas geográficas. Pero con una tasa de paro del 20%, la economía debe situarse como primera y absoluta prioridad en la política exterior española. Tenemos recursos muy limitados y apenas podemos dedicarlos a otros fines.

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