El poliedro

Zapatero remendón:el primer Plan B

La rebaja de la presión fiscal a las pymes es la más sensata de las medidas forzadas desde el exterior

Adía de hoy, al presidente del Gobierno le pasa lo que al torero en mala tarde, que suscita división de opiniones entre el respetable: unos en su madre, otros en su padre. Es un renegado que ha claudicado en sus principios progresistas, dejando a los pies de los caballos a los más débiles o, alternativamente, es un fullero, un inútil poco previsor que, forzado desde el exterior, va dando palos de ciegos en unas reformas que deberían haber sido tomadas ya hace tiempo con firme bisturí. Como opinar no sólo es libre, sino que también es debido en una columna, diremos que la primera posición -el posicionamiento radical es ya común- tiene dolorosamente razón. La segunda, cada día más extendida para solaz de un Rajoy mudito y con el paraguas abierto y al revés, viene a sustanciarse así: "Ya puedes decir misa en latín, haciendo el pino puente sin manos, que tú no vales para nada, Zapatero". La última andanada de reformas -¿es este el primer Plan B?- ha reactivado estas dos corrientes de opinión enfrentadas. Las medidas no han sido moco de pavo: retirar los 429 euros mensuales a los parados sin subsidio, privatizar joyas de la Corona y dulcificar la presión fiscal a la mayoría de las empresas, las pymes. ¿Qué les parecen tales medidas a ustedes? Intentemos obviar si éste es o no un paquete de política económica que debía haberse implantado hace dos meses o tres años. Intentemos incluso hacer caso omiso de si todo esto no es más que una nueva injerencia de fuerzas externas superpoderosas: los pérfidos mercados, el asustado líder alemán, lobbies de archimillonarios que crean guerras y catástrofes... Mirémoslo desapasionadamente.

En lo tocante a la rebaja fiscal a las pymes, el Gobierno reducirá el tipo al que tributan por Sociedades y ampliará el número de empresas que pueden acogerse a este estatus. No creo que pueda discutirse la conveniencia de tal medida. Supone una merma para los ingresos públicos, que empero debe verse compensada por un mayor dinamismo inversor y empleador de las empresas, que en muchos casos han recurrido a sumergir sus actividades. Por ello, es necesaria una mayor dotación y eficacia de los servicios de inspección tributarios: que no paguen todo lo que es debido sólo los retratados por una nómina.

La venta de empresas públicas (gestión de los aeropuertos de Barajas y El Prat, 30% de Loterías) es una forma rápida de coger dinero fresco: servirá para amortizar deuda y, oficialmente, para hacer políticas activas de empleo. La realidad es que se trata de empresas buenas y rentables; si no, no se venderían: el renovado aeropuerto de León no hay quien lo venda, el suculento de Málaga se ha librado de esta. Soltar lastre para mantener el globo en el aire. ¿Será la próxima la Renfe, con sus aves? Se trata de una venta de emergencia: una mala operación. ¿Necesaria? Usted dirá.

La eliminación de los 429 euros a quienes no tienen subsidio alguno no es sólo una medida injusta socialmente, sino que puede obligar a mucha gente a lanzarse a la economía sumergida en condiciones de cualquier tipo. Ahorrarse esos 25 millones de euros anuales son un cruel paso atrás. Quienes apoyan tal medida, con la boca pequeña, alegan lo mismo que más de un premio Nobel: "Tal cantidad disuade de la búsqueda de empleo". Puede que quienes eso sostienen hasta se lo crean. Alternativamente, está la Teoría del Chocolate del Loro: reducir en prebendas y gastos públicos de políticos y sus satélites, y de empresas más o menos imprescindibles, "no soluciona nada, es el chocolate del loro". Sumen chocolates. Y elimínenlos, que es su deber en estos momentos.

Mientras, desde fuera del país, los mercados ceden en su ataque a nuestro desvencijado fortín, Europa descarta nuestro rescate y la bolsa remontan el vuelo. Como diría Freddy Mercury (q.e.p.d.), "cosita loca llamada economía". La manta remendada de parches de Zapatero, de momento, ha conseguido abrigarnos. Los chicos están bien. Hasta la próxima.

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