Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

El abismo

LA formación de Gobierno ha fracasado porque han fracasado los liderazgos. Tanto los que venían de lejos, Rajoy, como los nuevos: Sánchez, Iglesias y Rivera. En los cuatro meses largos que han transcurrido desde las elecciones del 20 de diciembre los partidos han mostrado su peor cara, han hecho gala de una incapacidad manifiesta para negociar y han antepuesto los sillones y los intereses particulares a la conveniencia nacional de tener un Ejecutivo estable que le metiera mano a los problemas del país, que no son pocos ni aplazables. Todos han mostrado un nivel impropio de quienes aspiran a encabezar el proceso de profunda regeneración que necesita España. Pero quizás sea el socialista Pedro Sánchez, al que hay que reconocer el mérito de que es el único que se puso manos a la obra, el que ha mostrado un perfil más patético. Despreció desde una incomprensible soberbia la única salida lógica que dejaba los resultados electorales: un acuerdo amplio que incluyera a socialistas y populares y al que debía sumarse Ciudadanos. En cambio, se empeñó en fabricar una alianza por su izquierda para la que claramente no tenía suma suficiente de escaños y que lo ponía a merced de Podemos. El acuerdo al que llegó con Ciudadanos no le ayudó ni por un lado ni por el otro y, para terminar, dio el martes una imagen que rozaba el ridículo al aceptar a la desesperada el pacto -una clarísima trampa- que le puso por delante uno de los compañeros de viaje de Pablo Iglesias.

¿Qué le ha pasado al PSOE para que, como diría Alfonso Guerra, no lo reconozca ni la madre que lo parió? Como todas las cuestiones complejas ésta admite múltiples perspectivas de análisis. Pero aún a riesgo de no bucear en capas más profundas, creo que hay un evidente sentimiento de orfandad de liderazgo en el partido desde hace ya demasiados años. Esto le ha ido minando tanto el discurso como la proyección ante su electorado natural: clases medidas ilustradas partidarias de una socialdemocracia avanzada, pero que rechazan tanto la ineficacia como los maximalismos ideológicos.

Lógicamente el PSOE no puede aspirar a repetir el liderazgo de un Felipe González: perfiles como el del político sevillano se dan muy pocas veces y siempre en coyunturas históricas más o menos excepcionales. Pero tan evidente como lo anterior es que encumbrar a figuras como Rodríguez Zapatero o Pedro Sánchez es condenarse a ir de crisis en crisis hacia la irrelevancia final. El PSOE sigue siendo la referencia de la izquierda en España, pero a ese puesto aspira Podemos, que está haciendo movimientos inteligentes para arrebatárselo. Ojo al 26 de junio porque los socialistas tienen una de sus últimas oportunidades. Un nuevo error los pondría al borde del abismo.

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