La ventana

Luis Carlos Peris

El acento, una especie en extinción

IMAGINO el suspiro de alivio, profundo y muy sostenido, que el docente de turno habrá dado tras recibir la orden de la Junta de suprimir los acentos en los sms. Los acentos, hoy llamados tildes sin saberse por qué, gravan el mensaje y los tiempos aconsejan recortar de todas partes. Bueno, no de todas partes, que se rumorea un blindaje masivo de altos cargos por si acaso el 22-M no es bonancible para la causa. Pero volvamos a la sensación de alivio para esa mayoría que riega los acentos en el negro sobre blanco sin criterio, rigor y conocimiento. La Junta aconseja y sus consejos son órdenes a fin de lo de siempre, igualar por abajo y que la excelencia sea sólo un elemento decorativo, nada necesario, cuestión asaz superflua. Eliminando los acentos se oficializa una incuria que ya se había enseñoreado de nuestras vidas sin necesidad de que lo ordenase el mandarinato.

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