HARÍA falta una brigada de hermeneutas para desentrañar qué estrategia va a seguir el Partido Nacionalista Vasco (PNV) tras sus resultados electorales adversos del 9-M. Aun así, lo más probable es que tuviéramos que echar mano del argumento más socorrido: hacer caso a lo que hagan y no a lo que digan. O sea, darle tiempo al tiempo.

Porque lo que dicen no ayuda. Al contrario, embrolla. El lehendakari Ibarretxe, cada día más obstinado, sigue decidido a convocar su referéndum aunque las urnas lo desautoricen una y otra vez e insiste, por si alguien alberga dudas, en que Euskadi nunca será una parte subordinada de España. El presidente del partido, Íñigo Urkullu, no habla del derecho a la autodeterminación y tiende la mano a Zapatero, pero avisando: sólo aceptará un "acuerdo singular" que suponga "un paso de gigante en el autogobierno" del País Vasco. Los dos lo han dicho en el mismo sitio, uno detrás de otro.

¿Qué significa esto, aparte de la constatación de que las dos almas tradicionales del PNV, la pactista y la rupturista, perviven y conviven también hoy? Puesto que es impensable que Urkullu desautorice a Ibarretxe -por algo tuvo que tirar la toalla Imaz-, su táctica consiste en endosar a Zapatero y al PSOE la tarea inapropiada de deshacer el lío del nacionalismo vasco consigo mismo y con los electores. Que sean los socialistas los que les saquen las castañas del fuego, para que las hipotéticas quemaduras sean para éstos, no para los que han prendido la hoguera. Algo que anda a medias entre el cinismo y el ventajismo.

Sería muy arriesgado que Zapatero, en plan voluntarista, aceptara zanjar la dicotomía peneuvista por el procedimiento de ofrecer a Urkullu más de lo que debe (¡y más de lo que los electores han pedido!). Por ejemplo, ese pacto "singular" para aumentar el autogobierno vasco. No sé qué nuevas competencias se pueden traspasar a Vitoria, que ya las tiene prácticamente todas salvo las que corresponden al mínimo de poder de un Estado que quiera seguir llamándose Estado. En cuanto al estatus "singular" de Euskadi, ¿les parece poco singular el concierto económico que les privilegia con respecto a todos los demás territorios de España? Incluso una reforma del Estatuto mediante los mecanismos legales establecidos no dejaría de ser una fuente de conflictos y problemas para el PSOE. Como lo fue la del catalán.

Zapatero ya se equivocó actuando como si hubiera una ETA partidaria de la continuidad del terror y otra favorable al desarme y la paz, o cuando pensó en una Batasuna subordinada a ETA y otra a punto de desprenderse de su tutela. Esos errores le costaron mucho. Repetirlos ahora es tontería. Que se aclaren los del PNV.

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