la tribuna

José Luis Valverde

Un acuerdo para la unión económica

LA crisis económica ha puesto a prueba el funcionamiento de la UE y la insuficiencia del contenido de los tratados para un gobierno económico de Europa.

Llegada la crisis, agravada por los comportamientos irresponsables de la gran mayoría de los estados miembros, se ha evidenciado esa grave dejadez de los gobiernos y la opinión pública ha exigido una actuación de las instituciones europeas.

Pero las competencias de las instituciones europeas son insuficientes para disciplinar a los gobiernos. Se imponía un cambio claro y preciso de los tratados, para dar las competencias necesarias a las instituciones europeas para un gobierno económico eficaz a Europa.

Ante esta imperiosa situación los gobiernos siguen aferrados a una ilusoria soberanía nacional y se reafirman en su negativa a transferir las competencias necesarias al nivel supranacional europeo y se dedican a confundir a la opinión pública, afirmando que van a tomar medidas para refundar Europa y darle un nuevo impulso. En realidad, lo que están haciendo es elaborar un simple Acuerdo Internacional para reforzar la Unión Económica, al margen de los tratados de la UE. Esto es importante que quede claro ante la opinión pública.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Eurozona se comprometieron el 9 de diciembre de 2011, a través de una declaración, a celebrar un acuerdo internacional fuera del marco de los tratados constitutivos de la UE, con el objetivo de establecer una unión económica más fuerte, lo que presupone un nuevo pacto presupuestario y una coordinación reforzada de las políticas económicas; por otro lado, desarrollará herramientas de estabilización para hacer frente a los desafíos que, en el corto plazo, plantean los mercados de deuda soberana.

El borrador propuesto por los jefes de Estado y de Gobierno que está siendo estudiado por representantes de 26 países de la UE, excluido Reino Unido, no tiene nada que ver con una Conferencia Intergubernamental para reformar el actual Tratado de Lisboa. Lo que se está preparando es un acuerdo internacional al margen de los Tratados de la UE.

El presidente de la República francesa ha sido claro y tajante, el acuerdo internacional no tiene nada que ver con las competencias y poderes de las instituciones de la UE. Será un acuerdo interestatal controlado por los gobiernos nacionales.

A partir de aquí deberían cesar las informaciones que llegan a la opinión pública en donde se puede dar a entender que se va a reformar el tratado, y mucho menos que se está trabajando para avanzar en la integración europea. Supone una vuelta atrás del espíritu que impulsó el inicio de las primeras instituciones supranacionales europeas, en 1950, con la declaración de Robert Schuman. Estamos ante un renacimiento de la Europa del Directorio Europeo, tan querida por el general De Gaulle.

Los jefes de Estado y de Gobierno han renunciado, por ahora, a avanzar en la integración europea, a través de la reforma de los tratados. Han preferido una marcha atrás, para limitarse a una simple cooperación entre estados, de incierta eficacia.

Lo dicho es consecuencia de un análisis riguroso de carácter jurídico e institucional, avalado por una doctrina de autoridad y que resultaría un tanto engorroso abordar aquí. Y, como análisis político, podemos quedarnos con las palabras del grupo de trabajo del Parlamento Europeo, que tímidamente ha expresado su deseo sobre que el contenido esencial de este "acuerdo internacional" pueda algún día incorporarse al Tratado.

En este marco de cooperación interestatal, se espera que los representantes de los gobiernos tengan preparado un texto para que pueda ser aprobado a primeros de marzo y empezar los procedimientos de ratificación por los diversos estados. Al no ser necesaria la unanimidad, se espera que aquellos gobiernos que tradicionalmente han chantajeado a la UE, con sus procesos de ratificación, pierdan esa ventaja, y se pueda aprobar, aunque alguien se descuelgue.

Las recientes declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo afirmando que "la única salida a la crisis del euro es dar un salto hacia la Europa federal", pueden ser un posicionamiento positivo de España en la dirección de situarse en la defensa del espíritu y la letra de los Tratados fundacionales, para avanzar en la integración europea. Lo que sería muy positivo para España y para el futuro de Europa.

Lo demás son juegos de artificio del nacionalismo de algunos gobiernos que siguen soñando con el Directorio europeo, fuera de todo control de los ciudadanos, del Parlamento Europeo, del Tribunal de Justicia y de la vigilancia de la Comisión europea.

El nacionalismo gana. Los ciudadanos y Europa pierden.

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