La ventana

Luis Carlos Peris

En el adiós a una señora de una vez

MERECÍA una dosis de menos desagradecimiento de sus toros, de esos animales criados con tanto mimo y que luego en la plaza sólo lucían por su fachada y sus intenciones, que no eran las más deseables. Se ha muerto una ganadera vasca que se enamoró de Andalucía en general y de la Sierra Norte en particular. Se me deshacía en elogios mi recordado Manolo Ramírez hablando de su señorío, que era el reflejo de la sociedad de Neguri, de esa sociedad que se vio obligada a emigrar por culpa de la amenaza etarra. Cuando hace tres años murió su marido, Federico Lipperheide, alemán de Neguri, a Dolores se le fueron muchas ganas de seguir viviendo. Gran partidaria de Antonio Ordóñez tenía la pasión del toro y sufría viendo cómo su hierro no era aceptado por las figuras. Murió en Constantina y con ella se va una gran señora y una desencantada ganadera.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios