el periscopio

José Ignacio Rufino

Las agencias y sus primos los fondos

SI uno conoció la Praga del poscomunismo más temprano, y después la ha vuelto a visitar más recientemente, convendrá en cuánta razón tienen los que afirman que, a día de hoy, para viajar lo mejor es un libro. No hace falta sufrir el estabulamiento aeroportuario, el embarque de ganado del low cost, las ubicuas tiendas de souvenir repletas de españoles, ni tampoco los improvisados tablaos de sevillanas en el Puente Carlos. Servidor, por ejemplo -y disculpen la digresión-, no ha estado en Estados Unidos más que haciendo escala. Pero, casi como cualquiera, creo conocer Estados Unidos bastante bien, por propio interés y también porque no puede uno sustraerse a las toneladas de información que provienen del todavía centro del planeta. Y muchas veces me parece un país de sombrerazo.

Ayer, sin ir más lejos, volvimos a tener noticias del pragmatismo y del sentido de la justicia yanqui, tantas veces descarnado y brutal a nuestros europeos ojos: "EEUU estudia denunciar por fraude a las agencias de calificación", por medio de su comisión nacional de bolsa de valores, la llamada SEC. Por derecho: no es que no nos fiemos de sus ratings de países y empresas; ni siquiera que digamos con razón que son ustedes unas escopetas de feria financieras de primer orden... es que vamos a por ustedes por fraudulentas, por engañar a sabiendas, por tener ocultos intereses en manipular los niveles de confianza de las garantías de países enteros.

Lo de Moody's o Standard&Poors es algo más que sorprendente. Son responsables, dice la SEC, de decir que era bueno lo que era un caja de bombas; de calificar como canela en rama lo que eran paquetes repletos de menos que nada. Son cómplices necesarios de la debacle financiera global que desencadenó una crisis que a su vez fue detonante de otras más locales, como la inmobiliaria made in Spain. Y sin embargo -abracadabra, más duro el rostro que la rodilla de una cabra-, siguen orientando las inversiones y desinversiones en valores y fondos a lo largo y ancho del inmaterial mundo del comercio financiero. Por ejemplo, el valor del pachucho fondo al que usted aporta mensualmente cincuenta euritos para su plan de pensiones. Por ejemplo, el errático y convulso diferencial que España tiene que pagar por colocar su deuda pública. Sucede, y ahí va la SEC, que las agencias no son independientes de esos fondos: varios fondos participan en ellas. Damos por cierto que, por ejemplo, las subidas y bajadas del interés al que se retribuye la deuda española son una fuente de ingresos rápidos y enormes para quien tiene información privilegiada. "Dale un palito más a España, prima agencia, que voy a hacer un mete y saca de varios millones de rendimiento". Stop!

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