La tribuna

eduardo Moyano

La agricultura no necesita elecciones

NO sé a quién se le ha ocurrido la idea de proponer la convocatoria de elecciones en el campo. No sé si ha sido iniciativa del propio ministro Arias Cañete o de alguien de su entorno, o de alguna de las tres organizaciones profesionales agrarias para asegurar su hegemonía o resolver problemas internos (que podrían tratarse bastante bien con los criterios que establece la actual Ley 10/2009).

Cuando se les pregunta en privado a los dirigentes profesionales por esta iniciativa, esquivan la respuesta o bien declaran sus firmes convicciones democráticas para no oponerse a ella. Sin embargo, sotto voce, reconocen los problemas que les plantean unas elecciones agrarias que, en opinión de muchos de ellos, y que comparto, son innecesarias e inoportunas.

Veamos por qué son innecesarias. En democracia, cuando se convocan elecciones no se hace con el objetivo final de medir la representatividad de las organizaciones que concurren a ellas, sino con la finalidad de constituir los correspondientes órganos colegiados. Por ejemplo, las elecciones legislativas se hacen para elegir a los diputados o senadores que deben constituir el Congreso o Senado, pero su objeto no es medir la representatividad de los partidos políticos. Las elecciones sindicales en el mundo laboral se celebran para elegir a los miembros de los comités de empresa. ¿Acaso para medir la representatividad de la CEOE se utilizan elecciones entre los empresarios?

En el caso de la agricultura, tenemos varios ejemplos de procesos electorales, todos ellos dirigidos a la constitución de órganos administrativos y/o de gestión (consejos reguladores de las denominaciones de origen del vino, comunidades de regantes,…). A nivel de la UE, son excepción los países que celebran elecciones generales en la agricultura. Uno de ellos es Francia, donde las elecciones tienen por objetivo designar a los miembros de las cámaras agrarias, que son órganos con importantes funciones de gestión administrativa y de prestación de servicios a los agricultores. La mayoría de los países de la UE miden la representatividad de sus organizaciones agrarias por otras vías sin recurrir a procesos electorales.

En el caso español, una vez desaparecidas las cámaras agrarias o reconvertidas en órganos administrativos, no veo la necesidad de convocar elecciones en el campo. ¿Para qué? ¿Hay algún órgano colegiado cuya constitución precisaría la designación de sus miembros mediante elecciones? La verdad es que no. El previsto Consejo Agrario sería un órgano de naturaleza consultiva, cuya composición podría ser paritaria y sus miembros podrían ser designados por consenso entre las organizaciones profesionales, sin necesidad de someter al sector a una convocatoria electoral. No tiene ningún sentido, y además sería perjudicial para su funcionamiento, que un órgano consultivo como éste se constituya en función de los resultados electorales, ya que cabe el riesgo (real) de que la organización mayoritaria imponga sus posiciones sobre el resto rompiendo la cultura del consenso imprescindible para este tipo de órganos.

Pero es que, además de innecesaria, la propuesta de elecciones agrarias es inoportuna. En un momento tan importante como el actual, con una reforma de la PAC a las puertas, y cuando todo el sector agrario español ha sido capaz de poner en valor lo que les une y dejar a un lado lo que les separa, me parece inoportuno zarandearlo ahora con unas elecciones que, como suele ocurrir, harán destapar las diferencias entre las distintas organizaciones agrarias y provocar confrontación entre ellas. La inoportunidad no puede ser mayor. Asimismo, en un momento de crisis económica, me parece una frivolidad someter al sector a una campaña electoral que exigirá destinar recursos si se quiere evitar el riesgo de obtener un bajo nivel de participación.

En definitiva, por innecesarias e inoportunas, ruego que alguien con sentido común pare una iniciativa como ésta, que sólo conducirá a dividir al sector, a gastar más y a desviar la atención de lo que debería ser lo fundamental, trabajar juntos en lograr para España una buena reforma de la PAC. En último caso, si el Ministerio sigue adelante con su propuesta, espero que, al menos, los gobiernos de las comunidades autónomas que hasta ahora no han convocado elecciones en sus territorios, no secunden esta iniciativa. En caso contrario, llegaríamos al absurdo de una convocatoria electoral a nivel estatal, y luego 17 convocatorias regionales. Nuestro sector agrario alcanzaría, sin duda, el cenit democrático, pero a qué precio.

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