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Que alguien pare esto

RAFA Nadal no va al Masters, uno de los torneos más golosos por prestigio y por dinero. Incluso su físico de superhéroe del cómic se resiente del frenesí de la ATP. El número 1 lleva acumulados 111 partidos este año: 93 en individual y 18 en dobles. Ha jugado en 2008 un partido cada dos días y pico, más o menos tres encuentros a la semana. Y con la presión de arrebatar el cetro a Federer, primero, y de conservarlo tras asirlo en Pekín.

La prudente renuncia de Nadal a jugar en Shanghai -incluso no es segura su presencia en la final de la Copa Davis- es el más rotundo síntoma del desgaste que sufre el deporte profesional por las exigencias del calendario.

Los ejemplos se desgranan sin remisión. Las fibras musculares de Iniesta dijeron basta en un partido jugado al ralentí ante el Basilea. El genio manchego apenas descansó este verano tras ganar la Eurocopa y lo paga. También a Torres le pasó en Bélgica. Las lesiones por fatiga del músculo se han convertido en algo cotidiano, y eso es pernicioso para el espectáculo. Ya desvirtúa la competición por la abundancia de casos, muchos de ellos provocados por las selecciones.

En Nervión pueden hablar y no parar:15 de los 25 integrantes de la plantilla se han lesionado ya y sólo llevamos dos meses largos de competición. Ha estado varias semanas con una decena larga de bajas, muchas de ellas musculares.

Los presidentes cruzan los dedos, los técnicos se rascan la cabeza para rotar y piden explicaciones a sus doctores. Y esta plaga no puede ser asumida porque sí, como se asumen los partidos a cara de perro sobre el barro o los arbitrajes desfavorables. Hay que aliviar ese calendario, aplacar esa sed consumista y cuidar la calidad, la piedra angular del deporte de alto nivel. Que alguien frene la rueda.

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