La tribuna

josé Manuel Ramírez Mora

El aliento de la mayoría

RESULTA curioso que todos los argumentos de opinión en torno al decreto ley andaluz sobre la función social de la vivienda soslayen el debate económico y giren en exclusiva sobre lo jurídico. Sobre todo cuando el CGPJ, obligado a mantener la independencia y evitar futuras solicitudes de recusación, saluda la medida como positiva "si se ajusta a la ley".

Podría haberse dicho que el decreto andaluz retraerá las posibilidades de inversión extranjera en el parque residencial español, porque los rumores de extensión de la medida allá donde IU hace mayoría con PSOE son ya patentes, pero ¿necesitamos inversión extranjera en nuestro parque de viviendas?

Las posibilidades de inversión extranjera se encuentran completamente detenidas hace tiempo, por la falta de una definición clara del plan de negocio del banco malo; y puede que no sea malo que sea así, si se quiere evitar que el oligopolio bancario pase a manos de fondos de inversión chinos y rusos.

La extensión del mercado del alquiler resituaría el precio de la vivienda más cercano al de su valor. Como ajustaría la dimensión del sector de la construcción, y reorientaría el negocio bancario español, tan necesitado de dieta hipotecaria. La priorización del mercado del alquiler al que apunta el decreto ley andaluz, que requiere un cambio de mentalidad ciudadana sobre cómo organizar las economías domésticas, casa perfectamente con la único parámetro conocido de actuación del banco malo, dar salida al parque inmobiliario en un horizonte de quince años. La banca española, pues, debe minimizar el ladrillo en sus balances y reconsiderar su tradicional olvido de la economía productiva como ámbito de negocio.

No estaría de más que la banca contemplara formar iniciativas de capital-riesgo para el enorme valor añadido que ha salido por las fronteras del país, buscando proyectos en sectores estratégicos a recuperar en nuestro panel económico, como el industrial, al que debe orientarse el segmento pyme de la construcción.

Tampoco estaría mal que además de la conservadora expansión casi exclusiva a la América de habla hispana, la banca española participe en proyectos europeos, y acredite generar analistas de éxito en economía productiva, que se demanden por el caudal de los enormes fondos chinos y rusos, que buscan dónde meter su exceso de liquidez, que los riega con nuestra sequía.

Recordemos que hay banca nacionalizada en la que se han inyectado unas decenas de miles de millones a la que es preciso exigirle que ayude a retornar esos flujos financieros, y esperar a su venta no es el único modo. La excepcionalidad de la situación actual y el cambio de período histórico que vivimos desde lo geopolítico exige renovar lo antiguo e innovar en las soluciones. Y la política no queda al margen.

La innovación en política requiere atender a quien aumenta la cuenta de resultados de las empresas políticas mayoritarias, la gente que vota; pero en los mayoritarios colea aún la generación del compromiso con el establishment de lo intocable que nos ha liderado hasta este varadero, y los minoritarios se encuentran en el rubicón de ofrecer confianza y ser fiables para conducir el transatlántico sin chocar con un iceberg.

Las encuestas están diciendo que se quiere competencia en la representación política, y ese es el único dique que puede fabricar frente al poder de las finanzas el desliderado poder político de hoy; que los mayoritarios sientan la presión de las minorías, hasta que tengamos que poner el nombre de los partidos al lado del adjetivo, para comprobar a quién corresponde esa cualidad de minoría antes de unas elecciones.

El avance de IU y UPyD es evidente, y continuará en esa senda si no caen en los tics de los mayoritarios, imponiendo sus necesidades propias a las necesidades de la mayoría del electorado, o ajustar la realidad diaria a su argumentario, y tener por toda estrategia ante el nepotismo o la corrupción la ocultación de vergüenzas.

El decreto andaluz tiene todos los componentes para recabar un apoyo mayoritario porque es difícil encontrar a un ciudadano que no tenga una imagen negativa de la banca y que no condene que las familias no tengan vivienda, pero esto no quiere decir que la mayoría comparta la visión del mundo que tienen los minoritarios sobre cómo construir nuestra sociedad futura, aunque puedan apreciar enormemente su utilidad para solucionar los problemas de la gente.

PP y PSOE creen sentir en su cuello el aliento de las minorías. En realidad el jadeo que suena a sus espaldas, es el aliento castigado de la mayoría.

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