La tribuna

Jaime Martinez Montero

Más allá de los trasvases

HA sido una gran noticia, a la que no se le ha dado suficiente resonancia, que el presidente de Extremadura haya ofrecido la posibilidad de hacer un trasvase a la cuenca del Segura desde el río Tajo, al paso de éste por Cáceres. A mí me alegra por varias razones. Una, por venir de la tierra que viene, que tan emparentada está con Andalucía. Dos, porque haya políticos que piensen que su tarea no es sólo acaparar lo más posible para los suyos (territorio, partido, casta), sino que también da réditos ser solidario y ofrecer para los demás. Tres, porque confirma algo sobre lo que la historia de la humanidad ha brindado innumerables lecciones: la generosidad, el deseo de compartir está más acentuado en los que menos tienen que en los que más poseen. Y naturalmente, cuatro, por el fondo de la cuestión.

Parece que va cambiando el discurso político oficial con respecto al reparto de los recursos hídricos, y que se quiere volver a una situación en la que los ríos no sean de nadie porque son de todos. Los ríos no se pueden trocear ni pueden atribuirse sobre ellos títulos de propiedad. No es posible porque, si bien el agua líquida corre por un territorio, el vapor de agua que ha originado ese líquido viene de otro, y se ha originado en un mar u océano que no pertenece precisamente al lugar en el que se precipita en forma de lluvia. Tampoco creo que esté establecido que las fuentes que originan los ríos estén estrictamente situadas dentro de los límites de las actuales comunidades autónomas.

Pero el peligro acecha detrás de las autoadjudicaciones de aguas, y se puede manifestar tanto en un sentido vertical como en un sentido horizontal. Me explico. Lo decisivo en el asunto no es tanto que una entidad política se atribuya en exclusiva unos determinados recursos que son de todos cuanto que se plantee esa posibilidad y se pueda llevar a cabo. Porque una vez que algo que es indivisible se acepta que se pueda sustraer para adjudicarlo a una parte de aquellos a los que pertenece, ¿quién garantiza que ese proceso no se va a seguir produciendo?

Si el agua de un río se puede sustraer al uso de cuarenta y cuatro millones para fijarlo en su disponibilidad por una parte menor, ¿por qué no posteriormente se va a poder ir adjudicando a subconjuntos cada vez menores, si es que ese recurso se vuelve escaso? Si se accede a dividir en un determinado nivel, ¿no se va a poder hacer lo mismo en un escalón más bajo? ¿No podrá reclamar la provincia de Cádiz la exclusividad del uso del Guadalete, puesto que dentro de su territorio nace y es en sus costas donde desemboca? ¿No se podrán quedar con un arroyo los dos municipios por cuyo término municipal discurra por entero? ¿No pertenecerá a Quesada o a Cazorla el nacimiento del Guadalquivir? Y, en general, ¿no podrán alegar una mayor propiedad, uso y disfrute del agua de un río los municipios más cercanos al mismo que los que no lo están, o los ribereños respecto de los no ribereños? Esta es la dimensión vertical a que hacía referencia.

Hay otra horizontal. Acceder al troceado o parcelación de algo que es indivisible y que se predica de todos los habitantes supone sentar un precedente que luego se puede aplicar a otros aspectos que, también por definición, no pueden ser cuarteados. Hoy día tenemos bastantes ejemplos de esta situación, en la que unas determinadas opciones políticas pugnan por hacer incisiones en algo que no es posible. Citemos simplemente, por no extendernos demasiado, las reclamaciones que existen para obtener la propia soberanía o quedarse en exclusiva con los fondos correspondientes de la caja común. Pues bien, pasos como redistribuir la disponibilidad del agua pueden no sólo prestar coartada intelectual a otro tipo de reclamaciones, sino constituirse además en un elemento que facilite materialmente la viabilidad de la partición y la existencia separada.

Está en la naturaleza del ser humano el deseo de poder y, claro, también la ampliación del mismo al mayor número de asuntos posibles. Y esto es predicable no sólo de los que ocupan las esferas superiores, sino de los que lo ejercen en las inferiores. Hay que buscar un equilibrio entre las tendencias centrífugas y las tendencias centrípetas para evitar asimetrías poco deseables. Mas si el equilibrio se rompiera -si es que ya no lo está- en favor del reparto de lo común cada vez más en sucesivas y encadenadas desagregaciones, nos encontraremos con unos poderes políticos muy peculiares: cada vez gobernarán más y más sobre menos y menos, hasta que lleguen a mandar casi todo sobre casi nada. (Y que me perdone Ortega y Gasset el uso que he hecho de una frase suya).

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