La ventana

Luis Carlos Peris

El amargo paseíllo de Ortega Cano

AHORA que el grandilocuente y, habitualmente, faraónico presidente del Sevilla, el racial abogado José María del Nido, ha desempolvado ingeniosamente la Revolución Francesa se nos viene a la sesera el parecido que tienen aquellos macabros paseíllos hacia la guillotina con el acceso a los juzgados. Tienen una considerable similitud los linchamientos verbales de los aristócratas que caminaban rumbo al cadalso con el tratamiento que suelen darle a los que van a comparecer en el Prado ante los ropones. Lo veía en la tele para comprobar que el mismo tratamiento le dieron a Ortega Cano que al asesino confeso de la pobre Marta del Castillo. Cuánta virulencia, qué cantidad de odio y qué aburrido tiene que estar esa gente para perder la mañana en dicho menester. Que conste que no es esto una defensa del torero, que bastante tiene en lo alto para, encima, aguantar a esos linchadores de ocasión.

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