Crónica personal

Pilar Cernuda

El amparo

LA conversación mantenida por María Emilia Casas y la abogada a la que asesoraba sobre un caso de presuntos malos tratos necesariamente tiene que afectar a la presidenta del Tribunal Constitucional.

Independientemente de que Casas estuviera hablando por teléfono con una persona que hoy se encuentra en prisión acusada de haber ordenado el asesinato de su marido, lo grave está en que Casas, atendiendo a la petición de ayuda de una amiga común, asesora a una abogada sobre la forma de provocar que su caso se lleve al Tribunal Constitucinal a través de su recurso de amparo. Es decir, no estamos ante una persona, María Emilia Casas, que llama cortésmente a una desconocida atendiendo lo que le pide una amiga común, lo que ocurre a menudo y en ocasiones provoca problemas a quien se deja llevar por la buena educación y se ve sorprendida en su buena fe, sino que desde el momento en que aconseja a su interlocutora sobre cómo deben actuar sus abogados para solicitar el amparo del Tribunal Constitucional, Casas está dando a entender que una vez que el asunto llegue al alto tribunal ella podría ayudar a la abogada en apuros que intenta recuperar la custodia de su hija. Abunda en esa idea la frase que pronuncia Casas al dar por finalizada su conversación, cuando le indica a la abogada que le avise si el caso llega finalmente al TC.

La mayoría de los profesionales de la abogacía y la justicia consultados, una vez leída la transcripción de la cinta que recoge la conversación mantenida entre Casas y la abogada Dolores Martín, coinciden en que no hay materia punible para la presidenta del Constitucional. Sin embargo, habría que preguntarse si éticamente se puede admitir que una persona que preside una de las más altas instituciones del Estado pueda y deba aconsejar sobre cómo actuar para que el asunto que preocupa llegue precisamente a la alta institución que preside. No va más allá María Emilia Casas, no promete intervenir ni ayudar, pero algo chirría cuando se lee latranscripción. Y nada hay peor que dudar de la confianza que merece una persona como Casas.

María Emilia Casas sufre un auténtico aluvión de críticas desde hace muchos meses, y tendría que preguntarse por qué. También sus antecesores fueron acusados de jugar siempre a favor del Gobierno que les nombró, pero nunca como ahora se ha puesto tan en cuestión la neutralidad de la presidencia del Constitucional, sobre todo cuando debe pronunciarse sobre una cuestión políticamente tan relevante como el Estatuto de Cataluña. En el TC se han visto recusaciones y contra-recusaciones de sus miembros para intentar cambiar las mayorías, ampliación desmesurada de los plazos de renovación e incluso una bronca pública de la vicepresidenta del Gobierno a Casas sin que hubiera reacción de la presidenta del TC.

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