Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Tres andalucismos

LAS esencias andalucistas hisopeadas con garbo en la inauguración de la campaña electoral por los líderes de los dos partidos mayoritarios, Manuel Chaves y Javier Arenas, me han sumido en la perplejidad y me han suscitado obtusas cuestiones. A ver, ¿para quién, o contra quién, están destinadas las campañas electorales? ¿Qué lado oscuro del inconsciente pretenden conmover? ¿Qué anhelo dormido se quiere espabilar? ¿Hay en nuestros subconsciente deseos andalucistas reprimidos? ¿Cuántos? ¿Somos en el fondo una panda de nacionalistas durmientes? ¿O sólo pretenden diferenciar la doble cita electoral del nueve de marzo?

El asunto tiene miga. A mí la apelación al andalucismo de Chaves y Arenas me ha dejado no ya indiferente sino confuso. Supongo que no ha debido ser casual que ambos partidos hayan echado el andalucismo por delante. Pero no un andalucismo compatible entre sí ni asimilado con otras formas comunes de nacionalismo sino muy peculiar, con sus matices y desinencias propias. ¿A qué se debe ese afán imprevisto? Chaves proclamó en su intervención que no hay "partido más andalucista" que el suyo y, por tanto, que no hay veta nacional más genuina que la que practica el PSOE, de lo que se deduce, además de una revalidación de autoridad, una afirmación preventiva contra la probable competencia electoral que van a plantear nuestros dos partidos nacionalistas castizos, el PA y el PSA, unidos en una Coalición Andalucista.

Parece que la proverbial inconstancia del andalucismo con denominación de origen ha impulsado a los socialistas y al PP a precaver una hipotética huida de votos. Para ello no han dudado en añadir a la oferta otros dos andalucismos. Así pues en esta campaña los andaluces -pese a ser los menos nacionalistas del Estado- nos vamos a encontrar frente a tres opciones distintas: la de la coalición que, por sus propias y vacilantes circunstancias, es difícil situar en el arco ideológico; el andalucismo inconsciente de Chaves, definido como un deseo de progreso de la comunidad dentro de la nación y de Europa, y el de Javier Arenas, que merece párrafo aparte.

Arenas ha definido el suyo como "andalucismo español", una expresión deliberadamente ambigua que puede ser interpretada como una contradicción en sus propios términos o como una sublimación españolista del espíritu de la autonomía. Si las cosas no estaban claras, el candidato dio ayer una nueva pista al pedir una movilización del electorado "a favor de Andalucía, de su conjunto, y no en contra del PP".

¿De qué Andalucía hablamos cuando hablamos de las Andalucías?

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