la tribuna económica

Joaquín Aurioles

2012, año de resaca

SI las economías que han padecido la burbuja financiera pensaban que con su explosión habría pasado lo peor, se equivocaban. Lo peor está por venir y nos llegará por todas partes durante 2012 en forma de resaca. Ahora toca desesperarse ante la incapacidad de los remedios habituales para acabar con las náuseas y el malestar propios de los excesos de estos años y también los propósitos de enmienda para que nada parecido pueda volver a ocurrir en el futuro, es decir, de medidas de austeridad y recortes.

Aunque medio mundo está con la soga al cuello, en Europa estamos todavía algo peor, como reconoce la propia Comisión Europea. Tras la última revisión de sus pronósticos, se estima que el conjunto de la UE finalizará el año con un crecimiento del 1,6%, mientras que en la Zona Euro será 1,5% y que en 2012 se reducen hasta 0,5% y 0,6%, respectivamente. La OCDE todavía es más pesimista y pronostica un 0,2% para el próximo año en la Eurozona y la posibilidad de una nueva recesión, aunque ambos coinciden que la primera parte del año será peor que la segunda. Para España los pronósticos siguen el mismo patrón, aunque con las particularidades propias de nuestra idiosincrasia laboral y las secuelas de un año electoral que impedirá cumplir el compromiso de déficit. Los últimos pronósticos apuntan al 8% del PIB, aunque es posible que cuando el nuevo gobierno termine de aterrizar y organizar las facturas pendientes de pago, el porcentaje se eleve todavía más, lo que significa que el esfuerzo que habrá que realizar durante el próximo año para intentar llegar al 3% comprometido a finales de 2013, será más exigente de lo previsto. Es lo que tienen los años electorales con crisis económica. La austeridad fiscal tiene un coste electoral que los partidos intentan aplazar por todos los medios, así que cuando el candidato del partido en el Gobierno defendía en su campaña la moderación en los recortes o la solicitud a Bruselas de un aplazamiento en los compromisos para corregir el déficit, estaba anticipando la gestación de un grave problema financiero.

La recesión prevista para 2012 será también el reflejo de la factura de austeridad que inevitablemente tiene que pagar el país, aunque el dilema para el nuevo Gobierno es que si el programa de ajustes es excesivamente riguroso y duradero, pude echar por tierra la inestimable oportunidad que ofrece todo cambio político para mejorar la confianza y las expectativas de los agentes económicos. 2012 será también año electoral para los andaluces y es lógico pensar que pueda volver a repetirse la situación del 20-N. Es probable que el partido en el Gobierno considere un suicidio electoral profundizar en los ajustes durante los meses previos a los comicios, aunque el coste de la alternativa pueda ser la condena de la región a que la parte más dura de los ajustes se traslade a la segunda mitad del año, justo cuando los más optimistas consideran que podrían comenzar a notarse los primeros efectos de las medidas del nuevo Gobierno de España. Algo así como el anticipo de los primeros indicios de una recuperación que algunos vaticinan para 2013 y de la que Andalucía podría quedar rezagada.

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