tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

50 años de Mafalda

LEO que el espíritu rebelde, símbolo del anticonformismo, Mafalda la contestataria, ha cumplido 50 años antes de tiempo, tal vez por razones editoriales... En realidad, nació con seis años de la pluma de Quino, en 1964, y se hizo tira de humor en el semanario bonaerense Primera Plana. Va a cumplir, por lo tanto, los 48 sobre el papel. Sería de justicia que, en 2014, con ocasión del medio siglo de la niña indignada, Andalucía rindiese el homenaje que le debe a su hija de sangre, o, lo que es igual, a Joaquín Lavado Tejón.

Joaquín, Quino, cumple 80 años en julio. Nacido en Mendoza, Argentina, hijo de emigrantes malagueños que siguieron, ya entrado el siglo XX, a quienes por millares, víctimas de la filoxera, abrieron décadas antes la ruta hacia las regiones argentinas donde los italianos había introducido el cultivo de la vid. Quino, filósofo de la vida cotidiana, creó en Mafalda uno de los personajes que mejor sintetiza los brotes utópicos de los años sesenta. Llegó a Europa un año después del Mayo francés, y lo hizo de la mano de Umberto Eco.

Conocí a Quino en Buenos Aires, hace unos quince años, en una recepción de la Embajada española. Sentía orgullo al recordar su origen andaluz, algo que, en Argentina, es una forma muy especial de ser gallego. En el recuerdo de Fuengirola, la tierra de sus mayores, está el espíritu de Mafalda. "Mafalda tiene el carácter y la gracia de mi abuela", una mujer de espíritu crítico que se quejaba en voz alta de la vida, de la política, del mundo... La abuela de Quino era comunista, cuando no todos los pensamientos eran convergentes.

Mafalda abandonó las tiras de los periódicos después de haber dado la vuelta al mundo como una peonza. La niñita inquieta y respondona, en la que bullía el espíritu precoz de todas las primaveras del alma, llegó a España en las postrimerías del franquismo, con el rótulo "para adultos". Una prevención contra el peligro de pensar que equiparaba el carácter chispeante de sus reflexiones con la paleopornografía del momento.

Resulta estimulante imaginar los dardos que la pequeña indignada lanzaría sobre nuestra apabullante realidad. "Yo, de grande, quiero ser mileurista, como vos, Cristobalito" -le diría al gracioso de gafitas y cartera de ministro-, que, con voz menuda y carraspera, sentencia: "Las ambiciones proletarias obligarán a subir los impuestos a los trabajadores". ¡Mafalda, que te pierdes! Su acidez mordaz, aprendida en la escuela de formación para ciudadanía, la hacen candidata al índice de las lecturas inconvenientes, al "para adultos", a la hoguera simbólica de los 451 grados Fahrenheit.

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