La ciudad y los días

carlos / colón

El antídoto Margallo

GARCÍA-MARGALLO entrevistado por Iñaki López en La Sexta noche. El ministro de Exteriores en territorio mediático enemigo, diría un español castizo dado a las banderías, ya sean estas de derechas o de izquierdas. El ministro de Exteriores en territorio mediático fuertemente crítico con el PP, prefiero decir yo. Porque a nadie debe escandalizar, siempre que se salvaguarden los principios de la profesión, que la Sexta cojee de un pie o 13 TV de otro: es parte esencial del juego democrático que los medios de comunicación definan su línea editorial en función de opciones ideológicas que les hacen más críticos con unos y más benévolos con otros.

La frontera que marca la manipulación partidista de la opción ideológica es la inteligencia. La misma que separa las intervenciones de Arias Cañete en el debate con Elena Valenciano o en su posterior y desafortunada intervención en Antena 3 de la de Margallo en la Sexta: el primero no estuvo inteligente y el segundo sí. Por eso uno perdió el debate e hizo aún más honda su derrota con sus declaraciones posteriores y el otro se paseó por la Sexta como debe hacerlo un político: sin elevar el tono, sin incurrir en lugares comunes, respondiendo con argumentos bien elaborados y datos a las preguntas más comprometidas. A veces éstas, por parte de los colaboradores, eran juicios sumarísimos que Margallo desactivaba con datos y razones, en vez de con cerrazón partidista o descalificaciones. Demostró tablas, convicción fundamentada en conocimientos y, sobre todo, inteligencia.

La inteligencia como uso de la razón crítica es siempre un hermoso espectáculo, se esté o no de acuerdo con los argumentos expuestos. La razón crítica, en acertada expresión del socialista utópico Alexander Herzen -tan estudiado y admirado por Isaiah Berlin-, nos obliga "a renunciar a lo que amamos si estamos persuadidos de que no es verdad". Lo contrario -ya sea en la política o en el periodismo- de la irracionalidad partidista, las adhesiones inquebrantables, las manipulaciones interesadas o fanatizadas y el sometimiento a las pasiones y estructuras que sacrifican la razón a la imposición religiosa o política (los tan parecidos "lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina" de San Ignacio y "es preferible equivocarse con el partido que tener razón contra él" de los comunistas). Personalmente estoy con Herzen y con Berlin.

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