Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Sin anuncios

HAY bastante de respuesta crítica en la actitud de una audiencia maltratada por los excesos de la publicidad cuando, suprimidos los reclamos en TVE, un alto porcentaje de aquella se cobija bajo el paraguas de la televisión estatal. Los anunciantes y las agencias venían reclamando a las televisiones una menor saturación comercial, aduciendo que tanta presión sobre el espectador reduce la eficacia del mensaje y despierta lo que los franceses llaman publifobia.

Aunque es muy pronto para hacer una radiografía del nuevo escenario, lo cierto es que una modificación, llamada a rescatar a las emisoras privadas de la crisis, podría cambiar el conjunto de las prácticas audiovisuales. La "dictadura del gran público", en expresión de Victoria Camps, sería derrocada por una televisión que favorece la segmentación en los consumos mediático-culturales por razones de calidad. Y la audiencia que se aparta de la narración hasta ahora dominante no constituye, como se aventuraba, un porcentaje residual y elitista condenado a ver los documentales de La 2…

Es preciso asegurar la nueva RTVE con un modelo de financiación sostenible, que no se blinda en la ley del 2009. Las grandes televisiones privadas, reducidas de facto a la propiedad de Mediaset [Berlusconi] y Planeta, han elevado fuertemente sus tarifas. De este modo no sólo repercuten el 3% de sus ingresos destinados a financiar RTVE, sino que van a provocar una criba entre los anunciantes y una disminución de la saturación publicitaria, ahora convertida en un inconveniente para la captación de audiencia.

Las televisiones autonómicas, con una táctica más propia del ancien régime, anunciaron inicialmente que abaratarían sus tarifas y así atraer el excedente publicitario de la emisora estatal, pero parece que ya las están incrementando para evitar la saturación. Estas cadenas, que no pagan el 3% de sus ingresos a TVE, deberían ir pensando en soluciones que las alejen de los modelos comerciales.

Pero la transformación del sistema audiovisual no concluye con los cambios en la publicidad. Para afianzarse como referente, RTVE debe mejorar el tratamiento de la actualidad informativa. Es cierto que sus telediarios han dejado de ser voceros gubernamentales, pero el criterio de lo noticiable y el enmarcado de las noticias muestra sesgos de modelos poco depurados. Siguen dominados por sucesos dramáticos y notas sueltas descontextualizadas. Prácticas que argumentan lo que en Estados Unidos se denomina televisión tabloide, en todo caso impropias de una emisora pública. Avanzar en la información y el debate contribuiría a hacer menos vulnerable el futuro de nuestra televisión.

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