coge el dinero y corre

Fede / Durán

El anzuelo

GALLARDÓN siempre ha destacado por su servilismo en pro de la ascensión al poder. Hoy es el gran factor de distracción de un Gobierno que debería hablar casi exclusivamente de economía, una disciplina que con 5,3 millones de parados, miles de cierres empresariales y familias arruinadas también es sinónimo de sociedad, de política, de país en un sentido amplio. La prensa se traga ese gallardo anzuelo gallardonil del aborto y la cadena perpetua revisable, pero la contaminación atmosférica sigue ahí, cada día más cargada de partículas en suspensión, de metales pesados, de miasmas laborales, crediticias y personales.

La política y los políticos deberían reorientar sus vocaciones para centrarse en formar a las próximas generaciones en el arte de la ciencia empresarial y económica. Deberían explicar -todos, sin banderas distintivas- qué han hecho con los recursos públicos, cómo y por qué lo han hecho. Se conoce la última parada de esta línea de metro (la bancarrota nacional y moral), pero no exactamente cuál ha sido el camino elegido para llegar hasta ella. En realidad, justo es admitirlo, entender la economía no sirve de nada: hay expertos, los menos, que vieron ciertos movimientos de nieve allá en la cresta de EEUU antes del alud, pero otros, la inmensa mayoría, participaron de la orgía con sus mejores galas y augurios.

Lo que ni siquiera Gallardón puede impedir es que el ciudadano se haga preguntas que quizás con la panza atiborrada de especulación le pasaban de largo. Otros, los que nunca especularon, se hacían probablemente las mismas preguntas incluso aunque no fuese oficialmente necesario. ¿Por qué la Administración gasta sistemáticamente más de lo que ingresa cuando esa filosofía lleva a la quiebra a cualquier compañía del mundo en el corto, medio o largo plazo? ¿Por qué persiste -aumentada- la sensación de que los gestores del sector financiero han sido inmunes a una crisis que cose a renuncias al resto del país? ¿Por qué de repente, por haber gastado mal, el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos renuncian a gastar (invertir) allá donde su dinero sí crea riqueza? ¿Cuál es el motivo de que España, de hecho, haya transferido su soberanía a instancias ajenas como Alemania?

Liceos, concilios y foros económicos. Un flujo de ideas que construya alternativas, simbiosis y sinergias. Otra raza de empresarios diseñada para competir y ganar en el extranjero. Otra raza de trabajadores más versátil y ambiciosa, menos pasiva. De una vez por todas, una marca España potente, asociada a la calidad y a la victoria para que quien piense que nunca comprará un coche coreano no sitúe en el extremo opuesto de su balanza un coche alemán sino uno español (vale, es un mal ejemplo). El aborto y las cadenas perpetuas importan, por supuesto, pero mucho menos que la propia supervivencia.

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