Desde mi córner

Luis Carlos Peris

De la apoteosis al apocalipsis

El mismo día que Del Nido anuncia un tiempo de bonanza, Lopera prevé llanto y crujir de dientes en el bético

JUSTAMENTE el mismo día en que José María del Nido le abre un panorama de color de rosa a los sevillistas, Manuel Ruiz de Lopera amenaza por enésima vez a sus criaturitas. El mismo día que el presidente del Sevilla explica cómo a través de una sólida estructuración el club se ha solidificado, el accionista mayoritario -no dueño, por favor- del Betis fustiga a los béticos con la máxima de que habrá de gestionarse según lo que ingrese para un control del gasto que anuncia rigurosísimo. O sea, como tiene que ser en cualquier empresa que no quiera ir a la bancarrota, algo que es la base para que una institución funcione normalmente.

Tremendo el agravio comparativo a que están condenados los béticos, que ven cómo el vecino prospera por el mero hecho de una gestión moderna mientras que su club se desangra prácticamente vampirizado por quien decía quererlo porque así se lo había inculcado su difunto padre. Habla José María del Nido de la posibilidad de que el Sevilla gane una Liga y lo hace desde una posición de fundamento, desde una trinchera fortificada por la fuerza de las obras. Lo hace el mismo día en que la nutrida clientela del rival más cercano se desayuna con el enésimo sapo que recibe de una dirección errática, caprichosa y que no habla de lo que debiera, de su marcha.

Hacía Del Nido un análisis de su gestión, justo en el sexto cumpleaños de su presencia en la silla de Don Ramón, también justamente en el mismo día que su homólogo en la otra orilla del fútbol según Sevilla le decía a los béticos lo que ellos no quieren oír, que el club va ir a peor, que para eso él se da unas trazas envidiables. Sarcasmo grande que todo fuese en el mismo día, por una parte daba Del Nido la cara alegrándole las pajarillas a su gente para que en la otra se anunciase a los béticos que su futuro será de llanto y crujir de dientes. Difíciles tiempos para que surjan nuevos béticos en esta ciudad tan dual hasta hace poco. ¿Hasta dónde la tierra quemada, Lopera?

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