crónica personal

Pilar Cernuda

El árbol de Esperanza

ESPERANZA Aguirre no se ha ido. Ha renunciado al Gobierno de Madrid, pero no se ha ido. Sólo dedica unas horas a la semana a su trabajo de presidenta del PP madrileño, pero no se ha ido. No se ha ido porque es una política de raza, una mujer que siente la política de forma muy profunda porque la lleva dentro. Ha dejado el Gobierno por razones personales, pero cuando acude a un acto de partido se convierte en lo que siempre ha sido: un animal político al que las frases le salen redondas.

Núñez Feijóo le pidió ayuda para las autonómicas y Esperanza se plantó en Vigo a auditorio lleno. Y dijo lo que infinidad de dirigentes del PP dicen a micro cerrado: que el hoy presidente gallego es el más firme candidato para suceder a Rajoy el día que Rajoy diga adiós o las urnas le obliguen a decir adiós. Esperanza Aguirre además se sacó de la manga un ejemplo sobre el caso catalán que se entiende a la primera: España y Cataluña son como el árbol al que desgajan una rama. El árbol sobrevive, pero la rama se seca y muere. ¿Se puede explicar mejor?

Aguirre, dicen los suyos, se mantendrá en la presidencia regional del PP si ve que hay lucha por la sucesión. Además le gusta controlar el partido, que es donde está la fuerza de un dirigente, y si ha perdido voluntariamente su despacho de la Puerta del Sol mantiene el de la planta de la sede de Génova 31 que alberga al PP madrileño. Los suyos dicen también, como lo dicen quienes no son suyos, que Esperanza no es persona para estar en casa, ni tampoco en Entursa, ni para asesorar a nadie aunque hizo bien en pedir la reincorporación a su puesto de trabajo en Turismo, donde entró por oposición antes de dedicarse a la política. Dicen los suyos y los que no lo son que no la ven tratando de suceder a Rajoy aunque hay gente importante del PP que piensan que Aguirre sería una líder incuestionable y de envergadura. No. La ven en Madrid. En un cargo que admitió públicamente que le gustaría ejercer: alcaldesa. Y van más lejos: si decidiera ser la candidata a la Alcaldía de Madrid, con Ignacio González candidato al Gobierno madrileño, el ticket se saldría del mapa, la mayoría absoluta sería apoteósica.

¿Y Ana Botella? Pues Ana Botella trabaja de sol a sol como alcaldesa, gestiona lo que puede dentro de los límites que le marcan la crisis, la austeridad y la falta de fondos, y está haciendo mucho mejor papel que el que auguraban sus adversarios. Pero difícilmente alcanzará la mayoría absoluta necesaria para continuar en el cargo: provoca un rechazo que se podría llamar irracional en un número destacado de votantes que no militan en el PP pero votan PP, y que sin embargo jamás darían su confianza a Botella. ¿Qué ocurrirá entonces? Pues de lo que se habla por el PP se deduce que multitud de dirigentes ansían que Rajoy encuentre una salida airosa, porque lo merece, para Botella.

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